16 sep. 2007

Yo vine para preguntar 97: ¿Qué haría alguien razonable?


(alguien estrechamente razonable que no dejara tocar su razón por la Razón de Amor...alguien promedio, podría ser yo...)



Sueltos a raíz de las lecturas de este domingo:



Salmo responsorial Sal 50, 3-4. 12~13. 17 y 19 (R.: Lc 15, 18)R.


Me pondré en camino adonde está mi padre.


Misericordia, Dios mío, por tu bondad,


por tu inmensa compasión borra mi culpa;


lava del todo mi delito, limpia mi pecado. R.



Oh Dios, crea en mí un corazón puro,


renuévame por dentro con espíritu firme;


no me arrojes lejos de tu rostro,


no me quites tu santo espíritu. R.



Señor, me abrirás los labios,


y mi boca proclamará tu alabanza.


Mi sacrificio es un espíritu quebrantado;


un corazón quebrantado y humillado,


tú no lo desprecias. R.


EVANGELIO
Habrá alegría en el cielo por un solo pecador que se convierta


+ Lectura del santo evangelio según san Lucas 15, 1-32En aquel tiempo, solían acercarse a Jesús los publicanos y los pecadores a escucharle. Y los fariseos y los escribas murmuraban entre ellos: - «Ése acoge a los pecadores y come con ellos.»Jesús les dijo esta parábola:- «Si uno de vosotros tiene cien ovejas y se le pierde una, ¿no deja las noventa y nueve en el campo y va tras la descarriada, hasta que la encuentra? Y, cuando la encuentra, se la carga sobre los hombros, muy contento; y, al Regar a casa, reúne a los amigos y a los vecinos para decirles:
¡Felicitadme!, he encontrado la oveja que se me había perdido. "Os digo que así también habrá más alegría en el cielo por un solo pecador que se convierta que por noventa y nueve justos que no necesitan convertirse.
Y si una mujer tiene diez monedas y se le pierde una, ¿no enciende una lámpara y barre la casa y busca con cuidado, hasta que la encuentra? Y, cuando la encuentra, reúne a las amigas y a las vecinas para decirles:
¡Felicitadme!, he encontrado la moneda que se me había perdido. "Os digo que la misma alegría habrá entre los ángeles de Dios por un solo pecador que se convierta.» También les dijo:- «Un hombre tenía dos hijos; el menor de ellos dijo a su padre:"Padre, dame la parte que me toca de la fortuna."El padre les repartió los bienes.No muchos días después, el hijo menor, juntando todo lo suyo, emigró a un país lejano, y allí derrochó su fortuna viviendo perdidamente. Cuando lo había gastado todo, vino por aquella tierra un hambre terrible, y empezó él a pasar necesidad. Fue entonces y tanto le insistió a un habitante de aquel país que lo mandó a sus campos a guardar cerdos. Le entraban ganas de llenarse el estómago de las algarrobas que comían los cerdos; y nadie le daba de comer. Recapacitando entonces, se dijo:"Cuántos jornaleros de mi padre tienen abundancia de pan, mientras yo aquí me muero de hambre. Me pondré en camino adonde está mi padre, y le diré: Padre, he pecado contra el cielo y contra ti; ya no merezco llamarme hijo tuyo: trátame como a uno de tus jornaleros."
Se puso en camino adonde estaba su padre; cuando todavía estaba lejos, su padre lo vio y se conmovió; y, echando a correr, se le echó al cuello y se puso a besarlo. Su hijo le dijo:"Padre, he pecado contra el cielo y contra ti; ya no merezco llamarme hijo tuyo. " Pero el padre dijo a sus criados:"Sacad en seguida el mejor traje y vestido; ponedle un anillo en la mano y sandalias en los pies; traed el ternero cebado y matadlo; celebremos un banquete, porque este hijo mío estaba muerto y ha revivido; estaba perdido, y lo hemos encontrado." Y empezaron el banquete.Su hijo mayor estaba en el campo.Cuando al volver se acercaba a la casa, oyó la música y el baile, y llamando a uno de los mozos, le preguntó qué pasaba. Éste le contestó:"Ha vuelto tu hermano; y tu padre ha matado el ternero cebado, porque lo ha recobrado con salud." Él se indignó y se negaba a entrar; pero su padre salió e intentaba persuadirlo. Y él replicó a su padre:"Mira: en tantos años como te sirvo, sin desobedecer nunca una orden tuya, a mí nunca me has dado un cabrito para tener un banquete con mis amigos; y cuando ha venido ese hijo tuyo que se ha comido tus bienes con malas mujeres, le matas el ternero cebado." El padre le dijo:"Hijo, tú estás siempre conmigo, y todo lo mío es tuyo: deberías alegrarte, porque este hermano tuyo estaba muerto y ha revivido; estaba perdido, y lo hemos encontrado."»
Palabra del Señor.
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Un pastor razonable ni loco deja 99 en el desierto, solas, expuestas al peligro de dispersarse, enfermarse sin quien las cuide, ser presa de los lobos, de los ladrones...por una. No hay relación razonable entre ganancias y pérdidas. Una razonable oveja de las 99 diría: -Ah, claro, ahí se va él atrás de esa tarada que se perdió y nos abandona a nosotras, que somos revivas y no nos perdemos. Y la perdida oveja razonable también podría decirle al pastor:-No, mirá, dejá, si me perdí, debe ser que soy medio estúpida y me lo merezco, dejá, me quedo acá.



Un hijo razonable de la época ni se hubiera atrevido a pensar en pedir semejante cosa. Era como decirle al padre: -Mirá, me gustaría que estuvieras muerto pero como lamentablemente vivís, dame la herencia como si hubieras fallecido. Un padre razonable le diría:-Ni loco..."-rajá, turrito, rajá." ;-). El hijo mayor es muy razonable:"-¿Cómo? Yo cumplí siempre las órdenes y nunca me premiaron y ahora este atorrante que hizo lo que quiso es el rey de la casa? Para eso me iba yo también." Un padre razonable, además de no haberlo salido a buscar cuando el hijo mayor se empacó en no entrar, le hubiera contestado, fastidiado:"-Pero qué querés? Que adivine tus deseos? Si querías un cabrito para festejar con tus amigos, ¿por qué no me lo pediste?, o más, si sabés que lo mío es tuyo, ¿por qué no lo agarraste y listo?...¿o me obedecías por miedo, sin ninguna convicción, sin ningún amor, como un esclavo?". Y antes, un padre razonable hubiera reprochado:"-Pero cómo puede ser, qué ingratitud, decíme si alguna vez te faltó algo, ¿qué te hice para que me hagas esto?".


Una mujer razonable jamás haría semejante despliegue por esa monedita. La hubieran tomado por loca si invitara a una fiesta por un hallazgo tan insignificante. Aparte de que la fiesta le hubiera costado infinitamente más que la famosa monedita. De nuevo, relación insensata entre ganancias y pérdidas. Es más, quizás la pérdida le hubiera pasado desapercibida.


Una coincidencia: leí en el santoral de la Conferencia Episcopal Francesa que hoy se celebra a San Cipriano, decapitado en Cartago en el siglo V d.C ;-). Y que uno de los rasogos de su vida es que insisitó para que la Iglesia recibiera a los cristianos arrepentidos de haber apostatado en tiempos de persecuciones; esto, frente a la oposición de los rigoristas, que planteaban su excomunión definitiva. Y me gustó, porque además de que me parece una actitud mucho más cercana a las de Jesús en el Evangelio, cuando leí por primera vez acerca de esa polémica, cerca de mis 16,17, sentí que había sido una muy buena decisión; porque, conociéndome menos que ahora y pudiendo entonces pensar bastante bien de mí ;-), sentí con fuerza de verdad irrefutable que había muchas más probabilidades de que yo hubiera estado del lado de los que hubieran querido volver a ser admitidos; me resultaba muy falso, muy inverosímil, dar por sentado que yo hubiera estado del lado de los puros. Me pareció bien que hubiera sido tema de conflicto, tampoco alegremente "Ah, seeee, da todo igual". Pero la postura predominante me pareció evangélica. Y me acordé de que siempre me asombró esa paradoja de Jesús, que se expresa con tanta dureza cuando dice "Que tu sí sea sí y tu no sea no", y "Si alguien se avergüenza de mí, yo me avergonzaré de él delante de mi Padre", y después lo único que hace frente a la traición de Pedro -no diría menos grave objetivamente que la de Judas, añadido al orgullo de haber dicho horas antes "Aunque éstos te abandonen, yo no te dejaré."- es preguntarle tres veces si lo quiere; y esto, con la delicadeza de no pretender que Pedro suba donde está El sino de bajar El adonde está Pedro (a la primera pregunta de "Me amas más que éstos?", Pedro va a menos, pese a que días antes había dicho que lo amaba más que los otros: "te quiero"; Jesús baja un cambio: "Me amas?", y Pedro insiste en un escalón más abajo: "te quiero"; y Jesús baja ahí: "Me querés?". Y ahí Pedro puede responder en verdad "te quiero". Y después sí, pero después, puede amarlo hasta dar su vida por El).

( Y las series de Los desastres y Los caprichos de Goya son geniales. Geniales.)

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