14 sep. 2007

Yo vine para preguntar 95: ¿Epifanías?




Sí...poemas así, podrían serlo. Todavía no sé si Juan de la Cruz me gusta más por santo o por poeta pero ¡qué bueno que sea las dos cosas! Habrá dibujado algo más, aparte de este bosquejo célebre en el cual se habría inspirado Dalí?


Para los creyentes, creo que un riesgo de leer a los místicos es pensar que por leerlos y deleitarnos en sus obras, creamos estar viviendo algo parecido. Dejando claro que no es en absoluto mi caso más que como esperanza en lo que puede hacer el Amor, comparto:













Qué bien sé yo la fonte que mana y corre,


aunque es de noche.




Aquella eterna fonte está ascondida,


qué bien sé yo dó tiene su manida,


aunque es de noche.




¡En esta noche oscura desta vida,


qué bien sé yo por la fe la fonte frida


aunque es de noche!




Su origen no lo sé, pues no le tiene,


más sé que todo origen della viene,


aunque es de noche.




Sé que no puede ser cosa tan bella


y que cielos y tierra beben della,


aunque es de noche.




Bien sé que suelo en ella no se halla


y que ninguno puede vadealla,


aunque es de noche.




Su claridad nunca es escurecida,


y sé que toda luz de ella es venida,


aunque es de noche.




Sé ser tan caudalosas sus corrientes,


que infiernos, cielos riegan,


aunque es de noche.




El corriente que de estas dos procede,


sé que ninguna de ellas le precede,


aunque es de noche.




¡Bien sé que tres en sola una agua viva


residen, y una de otra se deriva,


aunque es de noche!




Aquesta eterna fonte está escondida


en este vivo pan por darnos vida,


aunque es de noche.




Aquí se está llamando a las criaturas,


y de esta agua se hartan, aunque a escuras,


porque es de noche.




Aquesta viva fonte, que deseo,


en este pan de vida yo la veo,


aunque es de noche.



"...Souziya pide a su maestro que ore al Señor para que le conceda la visión del bien y del mal en los corazones. Y Dios le concede esta gracia.


Poco después, viene un mercader a ver al maestro de Souziya: la vida de este hombre estaba profundamente manchada por el mal, y el joven discípulo vio en una primera hojeada su alma; se horrorizó y le gritó: -¿Cómo te atreves a presentarte ante la vista de un santo, tan impuro como estás?.


El mercader se marchó. Su maestro llamó a Souziya y le dijo:-Hace un momento ha venido un hombre al que has arrojado fuera; sin embargo, era su última oportunidad.". Entonces el discípulo, atemorizado, pidió a su maestro que le obtuviese del Señor no volver a ver el mal. Pero el maestro el respondió que no, que los dones de Dios son inalienables, aunque pediría al Señor que le añadiera un nuevo don: identificarse de tal manera con el hermano que todo mal que viera lo captara, no como mal del otro sino como suyo propio.


(...) Más tarde Souiziya preguntó a este mismo rabino cómo es que todos los que acudían a él terminaban arrepintiéndose y cambiando de vida. La respuesta fue:- Cuando un hombre que acude a verme no se quiere arrepentir, yo desciendo paso a paso hasta lo más profundo de su pecado, y cuando he alcanzado el fondo de su alma, ato la raíz de mi alma a la raíz de la suya, y ya uno con él, empiezo a arrepentirme de nuestro pecado, no quedándole más remedio que arrepentirse, puesto que los dos somos uno." (de La oración del corazón, Jean Lafrance, Narcea, Madrid, 1980)




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