27 jul. 2007

Yo vine para preguntar 82: ¿Libros que acompañaron?


En este caso, libros que acompañaron lo que yo llamaría mi primera conversión, entre los 16 y los 19 digamos, un proceso.

No podía ser de otro modo, los libros acompañaron. No determinaron ni provocaron nada, pero estuvieron ahí y cuando pienso en esos años, me pienso con esos libros. Estoy en el tema, especialmente -porque leyendo mucho estoy siempre- ya que mi amigo José me prestó un libro que casi, casi, hace que lo quiera más, je: se llama Mundolibro, y es una historia de....José me lo presentó de un modo totalmente seductor para mí, diciéndome: "Tengo una historia del estante." (sí, eso es seductor para mí, je). Pero es eso y más. Una historia de cómo se guardaban los libros, los rollos, cómo se clasificaban, cómo se escribía, cuándo y dónde se leía, cómo evolucionaron las estanterías, etc. Después quizás en otro post copie algún fragmento porque me causa placer leer y releer esos datos. Bien, así que estaba más en el tema "libros" que habitualmente, y recordé estos libros, que acompañaron mis primeras búsquedas de Jesús.

Seguramente con más esfuerzo recordaría otros pero así raudamente:


1) Palabras del monte Athos: no encontré portada de la edición en castellano. Era un libro de pocas páginas. Lo compré por el mismo motivo por el que todavía sigo comprando algunos libros, pidiendo algunos sabores de helado o escuchando alguna música: no tenía la menor idea acerca de de qué podría tratarse. Recuerdo que eran transcripciones de algunos dichos y experiencias de monjes ortodoxos, en algunos casos centradas en la ascesis como ejercicio de la voluntad para habituarla a elegir amar en cualquier circunstancia, de comodidad o incomodidad. Me gustó la idea. Poder elegir comer con o sin sal, estar abrigado o pasar frío, gozar de algunas comodidades o renunciar a ellas, etc. Ese era el punto, poder elegir. Ni elegir gozar ni elegir sufrir, a priori, elegir "más abajo", una raíz más sólida para fundar la vida: elegir amar. Todo como búsqueda de libertad, como ejercitar un músculo para que funcione mejor. Recuerdo que después de leerlo mucho -suelo releer varias veces- me quedaba como un fondo de amor muy profundo, y ganas de conocer a los monjes que habían escrito y vivido esas experiencias. Se hacía, ahora recuerdo, alusión a un librito que leí un poco después, El relato de un peregrino ruso, sobre la oración del corazón, y que también fue una compañía muy significativa en ese tramo del camino.

2) Las Moradas de Santa Teresa, y su Autobiografía: esos libros me los compré porque supongamos que vendían 5 por $ 10 y ya había elegido tres. Para completar, dije "Estos, por la fecha, deben de estar escritos en español antiguo", y yo de chica disfrutaba mucho de las obras españolas del XVI, XVII: La Celestina, Rinconete y Cortadillo, El Lazarillo, Los Sueños y El buscón. Así que ahí fueron, sin mucha idea de lo que podían ser, adentro de la bolsa. Las Moradas me despertaron unas ganas muy intensas de orar más personalmente. ¿Es en la autobiografía que Teresa dice "Rezar es estar a solas con quien sabemos que nos ama" y "Dios anda entre los pucheros"? De Las Moradas nunca leí más allá del segundo capítulo porque se trata de experiencias de oración de ella, y sentí que sería bueno ir leyéndolo a medida que yo sintiera que avanzaba por mi propio camino de oración de modo que pudiera...entender, pero no exactamente, las vivencias de Santa Teresa. Y todavía, van para veinte años, no avancé de ahí. Pero cuando veo el libro, lo recuerdo: mi oración es poca, es pobre, no lo dejo a Dios hacer muchas cosas en mí. Y la Autobiografía me encantó porque me pareció escrita en un estilo de lo más coloquial, era como tener a una persona enfrente charlando. Me llegó mucho la garra de Teresa en las dificultades de todo tipo que tuvo que atravesar, y el buen humor con que las contaba. ¿Es ahí donde cuenta cómo, yendo a no sé qué monasterio, después de pasar las mil y una con las reformas que quería hacer, persecuciones, etc., se les empantana y atasca mal la carreta, y no hay modo de moverla; y había alguna dificultad adicional, no recuerdo si diluviaba, o si ella estaba enferma, o qué. Y en medio de semejante candombe, Teresa exclama: "Señor, si tratas así a tus amigos, no me extraña que tengas tan pocos."? Je, bien ahí Teresa.


2) Como en todo, hay modas. En los grupos parroquiales, entre los católicos, Carlo Carreto estuvo un tiempo de moda. Este libro fue el primero de él que leí (He buscado y he encontrado, sobre su experiencia con la Iglesia, es otro que me gustó mucho por esa época, y después uno que creo se llama ¿Por qué a mí, Señor?, sobre el sufrimiento). De ese libro recuerdo especialmente una anécdota que él cuenta y yo recuento como recuerdo: después de muchos años de tener cargos y funciones de mucha importancia en la juventud católica (creo que en la Acción Católica), Carreto siente el llamado a ir al desierto y finalmente se hace hermanito de Foucauld. Y en las primeras páginas del libro cuenta que una vez soñó algo como esto: veía a uno de los árabes de por ahí, pobre, temblando de frío -las noches del desierto parecen ser aterradoras en ese sentido; y él tiene una manta, y sabe que si Jesús estuviera en su lugar, le daría la manta al árabe. Que en ese contexto es casi literalmente dar la vida. "Como corresponde" a un cristiano. Y él no se siente capaz. Sabe, sí, sabe que eso es lo correcto, pero no puede. Experimenta esa pobreza radical de saber cuál es el gesto del amor y "no llegar". Y sabe que si su eternidad fuera juzgada por ese momento, quizás merecería, por ese acto, y no por ninguna decisión arbitraria de Dios, quedar fuera del Amor, porque no está preparado para la dimensión clave del amor que es dar la vida por el otro. Prefiere todavía su piel a la de su hermano. Y ahí termina. Y después hace un enganche como que él siente que está en el desierto haciendo esa experiencia hasta que sea capaz de dar esa manta, la vida. Me parece que está en otro libro una expresión de él acerca de lo que sentía en medio de sus primeras jornadas en el desierto, cuando todavía le resonaban las numerosas voces que lo reclamaban en sus funciones habituales, donde "tenía todavía tanto por hacer", etc. Y relata una experiencia sencilla de ubicación en la realidad, con una frase tipo "Cuando me saqué el mundo de encima de la espalda, descubrí que en realidad nunca había estado ahí.". Finalmente, me acordé de esta otra cosa porque está en cierta relación con Fontanarrosa, un humorista genial al que la esclerosis múltiple, entre otras cosas, le inutilizó el brazo derecho, con que escribía y dibujaba. Grrrr. Bueno, a Carreto le gustaba mucho escalar, y en un momento, tiene un problema con una pierna. Se hace atender por un hermano enfermero, que tendría mucho amor pero solvencia profesional cero (que, en fin, sería también parte del amor pero eran otras épocas), y el enfermero le encaja una bruta inyección de...algo que no correspondía, y le paralizó o estropeó irremediablemente la pierna, de modo que nunca pudo volver a escalar.

3) Leon Morin, prétre: es el afiche de la peli, yo leí el libro, de Beatrix Beck. Como la familia de mi viejo era de Francia, en casa siempre se cultivó mucho conservar la cultura, los recuerdos, el idioma. En las épocas de esplendor de nuestra dinastía ;-) venía una profesora particular de francés a mi casa (11, 12 años tendría yo), y sumado al buen francés que tuve en el secundario, podía leerlo pasablemente. Lo tenía mi vieja. El libro está muy bien escrito y el personaje del cura, muy bien trabajado, sólido sin ser rígido, me transmitía la impresión de alguien muy capaz de amar en serio desde su coherencia. La época es la ocupación alemana en Francia, así que ya por eso me interesó. Hay una mina que va a provocar a un cura con expresiones ofensivas sobre la religión católica y cuando ya pasó más o menos un tercio del libro, está este diálogo, a partir del cual seguí leyendo con más atención. Me encantó la reacción de él:


Dice ella, en el confesionario, así de la nada, porque no iba a confesarse sino a pelearlo, y ni lo conocía:

-La réligion, c'est l'opium du peuple.(La religión es el opio del pueblo)

-Pas exactement, répondit Morin du ton le plus naturel, comme si nous continuions une conversation déjà commencée (...) (No exactamente, respondió Morin con un tono de lo más natural, como si continuáramos una conversación ya empezada.)

Me gustó eso de que la mina iba con los botines de punta, con toda la intención de agredirlo (pasa gran parte del libro en ese empeño), ni "hola", "buen día", ni nada; y el tipo no reacciona contestándole mal, ni pidéndole que tenga otros modales, ni invitándola a hacer un acto de fe porque los caminos de Dios son insondables ni nada de eso. Se pone a hablar con ella, a ver qué.

4) De Marx a Cristo, de Ignace Lepp: encontré muy poca info en Internet, y no tengo a mano el libro, que puede ser se llame De Karl Marx a Jesucristo. Es una autobiografía. No recuerdo detalles pero sí esta atmósfera general: se trata de un hombre que desde adolescente es militante comunista (todo pasa en los tiempos de entreguerra, creo, y posteriores). Hace algunos viajes a Rusia, creo recordar, y durante muchos años, se dedica en cuerpo y alma a su militancia. De esos años, dice que llevaba una vida casi ascética, por el convencimiento de que no había nada más en que valiera la pena poner las energías que en preparar la revolución del proletariado. Lo interesante es que cuando lo estaba leyendo, y tenía bien presentes los detalles, me pasó algo similar a lo que me sucede ahora, cuando no sabría citar ni dos palabras textuales, mucho menos hacer una sinopsis. En algún momento de su vida, entra en un proceso de cuestionamiento del comunismo, pese a que le va muy bien en su militancia y le sigue encontrando valores. Hasta que, después de un tiempo -no recuerdo nada como una conversión fulminante- se convierte al cristianismo y después, creeeeeo, se ordena sacerdote. Pero esto: yo terminé de leer y sentí que este hombre, en algún sentido, seguía siendo tan él mismo como cuando consagraba toda su vida al comunismo, desde ya, con un fuerte énfasis en el ateísmo. Hay experiencias así: no cambia nada, en algún sentido. Y cambia todo.

5) La Biblia, por supuesto: como no recibí una educación familiar religiosa, me era totalmente desconocida y en principio me interesaba "de afuera". Pero cuando la empecé a leer, me gustó darme cuenta de que cada libro estaba precedido de contexto histórico, info sobre los distintos géneros literarios y de lo que, según la cultura de la época, se quería transmitir a través de ellos, detalles de costumbres del pueblo judío, etc. Esto, en medio de lo esencial, que era sumergirme en esa tradición de hombres y mujeres que vienen buscando a Dios desde hace siglos y tenían, tienen, algo para decirme en mi búsqueda.
Bueno, si alguno que pasa quiere mencionar algún/-os libro/-s significativo/-s...
Y el libro que me prestó José y disparó todo esto, es:

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