15 nov. 2007

Yo vine para preguntar 109: ¿Y esta otra parábola?


























Esto sucedió en el tiempo en que gobernaban los relativistas. Dejemos de lado las discusiones que ellos mismos tuvieron acerca de si gobernaban, coordinaban, presidían, mandaban, dirigían, regían, organizaban, conducían, regenteaban, administraban, porque cada término estaba cargado de valoraciones culturales todas ellas dignas de consideración y con qué criterio se iba a preferir un vocablo al otro y todo depende de cómo lo miremos y...Digamos que gobernaban, pero no relativamente, que es el único modo consecuente en que hubieran debido hacerlo.
Las elecciones que les dieron el triunfo se celebraron el 20 de abril y el el gobierno relativista, al grito de "Tolerancia o muerte", emitió, en la noche del 9 al 10 de noviembre, un decreto mediante el que se convocaba a todos los sospechosos de no relativismo a presentarse en el Palacio del Billete para recibir un kit de bibliografía y material multimedia destinado a sacarlos de sus obstinaciones en los relatos totalizantes, en las verdades duras y en la resistencia a decir más de dos veces por semana "Depende" .
En realidad, esta concentración fue el paso previo al encarcelamiento: una vez en el Palacio, se los metió a la fuerza en vagones de ganado que desembocaban en unas viejas instalaciones fabriles, donde esperarían la sentencia de muerte. "El relativismo libera", proclamaba el letrero de entrada.
Pero aquí sobrevino un problema: desbordados por la satisfacción que da torcer la encabritada realidad para que sea lo que debe ser y extirpar de la nación el cáncer de los oponentes al relativismo, salvajes y asquerosos intolerantes, olvidaron precisar el modo en que se los debía ejecutar. De manera que llegó el día en que se los debía ...el gobierno quedó perplejo. Se había anunciado con bombos y platillos el ejemplificador castigo a los intolerantes y ahora resultaba que todo se demoraba porque, ¿se los iba a fusilar?, ¿a guillotinar?, ¿a gasear?, ¿a ahorcar?, ¿a decapitar con un alfanje?, ¿a dar una inyección letal? (de qué compuesto, podría originar cien años más de debate), ¿a lapidar?, ¿a quemar?. ¿a echar a los leones?, ¿a envenenar?, más otras insólita alternativas dignas de consideración porque las proponía...alguien...toooooodas las opiniones merecían ser escuchadas, naaaaaaaaaadie tiene derecho a imponer su verdad a los demás, tooooooooooodos podemos aprender del punto de vista del otro; y bueno, ahí están, al final, no recuerdan cómo, pero pregunta va, cuestionamiento viene, están debatiendo por qué servirse del idioma español, que al fin y al cabo ofrece una visión sesgada de la realidad, matrizada sobre una visión europatriarcojudeocristianocéntrica, que es lo peor de lo peor que puede ser una visión. Bueno, pero lo mejor es que, mientras tenían lugar estas relativas y tolerantes deliberaciones, porque ningún criterio de verdad se consideraba mejor que otro (porque, claro, criterio de verdad, ¿según quién?, cui bono?), los encerrados lograron capturar a los guardias, ocupados en debatir cuál era el modo mejor de matarlos, y huyeron, y vivieron disfrutando de la modesta felicidad que les fue concedida cada tanto. Y cada tanto, escuchaban impactados los lejanos gruñidos en que se habían transformado las discusiones relativistas acerca de por qué usar tal lenguaje en vez de tal otro, por qué usar lenguaje ninguno, por qué "usar" y no "bailar" un lenguaje, por qué era necesario pensar en un lenguaje, por qué "hablar", por qué...

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