1 dic. 2007

Yo vine para preguntar 111: "¿Por qué a mí, Señor,...?

















que no hice nada para merecer esto?"...Las alegrías, digo ;-). Soy bien poco amiga de las teodiceas, me parecen elucubraciones estériles y en general, desayudan, complican el "problema de Dios" frente al "problema del mal", por si hiciera falta ;-). Pero siempre pensé por qué, aquellos que en situaciones de sufrimiento le espetan a Dios el "por qué?", no hacen igual frente a la alegría, el amor, el placer, la felicidad. Que, si no fueran más fuertes que el sufrimiento, me parece que la humanidad se habría desinteresado de seguir la función hace muchísimo.
En mi caso, me dejan tan perpleja algunos dolores, míos y ajenos, como algunas alegrías...pero bienvenidas.

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Algo de lo de las teodiceas me hizo acordar de esto; está en El libro del cielo y del infierno, de Borges/Bioy

LA DICHA ETERNA

F. W. H. Myers, a quien el espiritismo había convencido de la realidad de una vida futura, interrogó a una mujer que acababa de perder a su hija sobre el destino que, según ella, le habría tocado a su alma. La madre contestó:

‑Bueno, sin duda estará gozando de una dicha eterna, pero no sé por qué usted se empeña en hablar de temas tan desagradables.

Bertrand Russell, An Outline of Intelectual Rubbish (1943).

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