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6 oct 2007

Yo vine para recordar: Bruno


En octubre se celebran algunas vidas que me alegro mucho de que hayan existido: Teresita de Lisieux, Francisco de Asís, Teresa de Avila... Y hoy vi que se celebra al fundador de los Cartujos, Bruno. Me gusta que existan los contemplativos; me parece inevitable que su presencia resulte escandalosa tanto para ateos como para creyentes; Jesús escandalizaba. No lo buscaba, supongo, no se trata de proponerse escandalizar, al estilo rebelde sin causa; de proponerse escandalizar en vez de amar; pero bueno, de rebote, puede pasar. "Serían más útiles afuera" (qué palabra repugnante, "útil", aplicada a personas...), "no sirven para nada", "tienen miedo del mundo", etc. Pero todo eso se puede decir de Cristo también: hubiera sido más "útil" naciendo en otro lugar, en otras condiciones, con poder para imponer el bien; ¿cómo que es Dios y se deja matar, cómo que Dios lo quiere y no lo salva de la cruz, cómo que el padre del hijo pródigo sale a abrazarlo apenas lo ve volver, cómo que a los que trabajaron una hora en la viña el dueño les pagó lo mismo que a los que trabajaron varias, cómo que el Reino de Dios está dentro nuestro, cómo el Maestro lavando los pies de sus discípulos...? Y, claro, ¡¡¡¡cómo que resucitó!!!! Algunos salen del escándalo negando o evitando a Cristo; yo haría la apuesta contraria, diría que se sale del escándalo -como imposibilidad para creerle a Cristo- metiéndose más en El. Más, mucho más.
Aparte, la película El gran silencio, sobre la vida en la Gran Cartuja de los Alpes franceses, está muy buena.
Y siempre me llamó la atención aquello de que la orden "nunquam reformata quia nunquam deformata": nunca fue reformada porque nunca fue deformada...la primera vez que lo escuché me pareció algo soberbio, pero pensé después que también podría ser verdad y en ese caso, ¿por qué no lo dirían?; y aguantarse pasar por soberbio puede ser una forma de la humildad ;-)...
Encontré esta noticia sobre la vida de Bruno, un poco depurada de algunos elementos legendarios que no hacen ninguna falta y aparecen en algunas biografías.
Confesor, autor eclesiástico y fundador de la Orden de la Cartuja. Nació en Colonia hacia el año 1030; murió el 6 de octubre de 1101. (...)
Tenemos poca información sobre la infancia y juventud de San Bruno. Nacido en Colonia, habría estudiado en el colegio de la ciudad, o colegiata de San Cuniberto. Mientras era aún bastante joven (a pueris) fue a completar su educación a Reims, atraído por la reputación de la escuela episcopal y de su director, Heriman. Allí acabó sus estudios clásicos y se perfeccionó en las ciencias sagradas que en esa época consistían principalmente en el estudio de las Sagradas Escrituras y de los Padres. Allí se hizo, según el testimonio de sus contemporáneos, instruido tanto en la ciencia humana como divina. Completada su educación, San Bruno volvió a Colonia, donde fue provisto de una canonjía en San Cuniberto, y según la opinión más probable, elevado a la dignidad sacerdotal. Esto fue hacia el año 1055. En 1056, el obispo Gervais le llamó a Reims, para ayudar a su antiguo maestro Heriman en la dirección de la escuela. Este último estaba ya dirigiendo su atención hacia una forma de vida más perfecta, y cuando al final dejó el mundo para ingresar en la vida religiosa, en 1057, San Bruno se encontró como director de la escuela episcopal, o ecólatra, un puesto tan difícil como elevado, pues entonces incluía la dirección de las escuelas públicas y la supervisión de todos los establecimientos educativos de la diócesis. Durante casi veinte años, de 1057 a 1075, mantuvo el prestigio que la escuela de Reims había alcanzado bajo sus antiguos directores, Remi de Auxerre, Hucbald de St. Amand, Gerberto y últimamente Heriman. De la excelencia de su enseñanza tenemos una prueba en los títulos funerarios compuestos en su honor, que celebran su elocuencia, sus talentos poético, filosófico y por encima de todos exegético y teológico; y también en los méritos de sus discípulos, entre los cuales estaban Eudes de Châtillon, después Urbano II, Rangier, cardenal y obispo de Reggio, Robert, obispo de Langres y un gran número de prelados y abades.

En 1075 San Bruno fue nombrado canciller de la iglesia de Reims, y tuvo entonces que dedicarse especialmente a la administración de la diócesis. Mientras tanto, el piadoso obispo Gervais, amigo de San Bruno, había sido sucedido por Manasés de Gournai, que rápidamente se hizo odioso por su impiedad y violencia. El canciller y otros dos canónigos fueron encargados de llevar al legado papal, Hugo de Die, las quejas del indignado clero, y en el concilio de Autun, 1077, obtuvieron la suspensión del indigno prelado. La respuesta de este último fue arrasar las casas de sus acusadores, confiscar sus bienes, vender sus beneficios y apelar al Papa. Entonces Bruno se ausentó por un tiempo de Reims, y fue probablemente a Roma a defender la justicia de su causa. Sólo en 1080 una sentencia clara, confirmada por un alzamiento del pueblo, obligó a Manasés a retirarse y refugiarse con el emperador Enrique IV. Libre entonces de elegir otro obispo, el clero estaba a punto de unir sus votos en el canciller. Él, sin embargo, tenía designios muy diferentes en perspectiva. Según una tradición conservada en la Orden de la Cartuja, Bruno se persuadió de abandonar el mundo por la contemplación de un célebre prodigio, popularizado por el pincel de Lesueur – la triple resurrección del médico parisino, Raymond Diocres. A esta tradición se opone el silencio de los contemporáneos y de los primeros biógrafos del santo; el silencio del propio San Bruno en su carta a Raoul le Vert, preboste de Reims; y la imposibilidad de probar que estuviera nunca en París. No había necesidad de argumento tan extraordinario para hacerle dejar el mundo. Algún tiempo antes, cuando estaba en conversación con dos de sus amigos, Raúl y Fulco, canónigos como él de Reims, se habían inflamado tanto en el amor de Dios y el deseo de los bienes eternos que habían hecho voto de abandonar el mundo y abrazar la vida religiosa. Este voto, pronunciado en 1077, no pudo ponerse en obra hasta 1080, debido a diversas circunstancias.

La primera idea de San Bruno al dejar Reims parece haber sido ponerse él y sus compañeros bajo la dirección de un eminente solitario, San Roberto, que recientemente (1075) se había establecido en Molesme, en la diócesis de Langres, junto con un grupo de otros solitarios que iban más tarde (1098) a constituir la Orden Cisterciense. Pero pronto vio que esta no era su vocación, y después de una corta estancia en Sèche-Fontaine cerca de Molesme, dejó a dos de sus compañeros, Pedro y Lamberto, y se dirigió con otros seis a Hugo de Châteauneuf, obispo de Grenoble, y, según algunos autores, uno de sus discípulos. El obispo, a quien Dios había mostrado a estos hombres en un sueño, bajo la imagen de siete estrellas, les condujo e instaló él mismo (1084) en un lugar agreste de los Alpes del Delfinado llamado Chartreuse, a unas cuatro leguas de Grenoble, en medio de rocas escarpadas y montañas casi siempre cubiertas de nieve. Con San Bruno estaban Landuino, los dos Esteban, de Bourg y de Die, canónigos de San Rufo, y Hugo el Capellán, “todos ellos los hombres más sabios de su tiempo”, y dos laicos, Andrés y Guerin, que después se convirtieron en los primeros hermanos legos. Construyeron un pequeño monasterio donde vivieron en profundo retiro y pobreza, completamente ocupados en la oración y el estudio, y honrados frecuentemente con las visitas de San Hugo, que se volvió como uno de ellos. Su modo de vida ha sido recogido por un contemporáneo, Guibert de Nogent, que les visitó en su soledad. (De Vitâ suâ, I, ii). Mientras tanto, otro discípulo de San Bruno, Eudes de Châtillon, se había convertido en Papa con el nombre de Urbano II (1088). Resuelto a continuar la obra de reforma comenzada por Gregorio VII, y estando obligado a luchar contra el antipapa, Guiberto de Ravena, y el emperador Enrique IV, buscó rodearse de aliados devotos y llamó a su antiguo maestro ad Sedis Apostolicae servitium. Así el solitario se vio obligado a dejar el lugar donde había pasado más de seis años de retiro, seguido por una parte de su comunidad que no podía mentalizarse a vivir separada de él (1090). Es difícil indicar el lugar que ocupó entonces en la corte pontificia, o su influencia en los acontecimientos contemporáneos, que fue totalmente oculta y confidencial. Alojado en el palacio del propio Papa y admitido a sus consejos, y encargado, además, con otros colaboradores, de preparar asuntos para los numerosos concilios de este periodo, debemos concederle algún crédito por sus resultados. Pero él tuvo siempre cuidado de mantenerse en segundo plano, y aunque parece haber asistido al Concilio de Benevento (Marzo de 1091), no encontramos evidencia de que hubiera estado presente en los concilios de Troja (Marzo de 1093), de Piacenza (Marzo de 1095) o de Clermont (Noviembre de 1095). Su papel en la historia está borroso. Todo lo que podemos decir con seguridad es que apoyó con todas sus fuerzas al Soberano Pontífice en sus esfuerzos para la reforma del clero, esfuerzos inaugurados en el Concilio de Melfi (1089) y continuados en el de Benevento.
Poco tiempo después de la llegada de San Bruno, el Papa se había visto obligado a abandonar Roma ante las fuerzas victoriosas del emperador y el antipapa. Se retiró con toda su corte al sur de Italia. Durante el viaje, el antiguo profesor de Reims atrajo la atención del clero de Reggio en Calabria, que acababa de perder a su arzobispo Arnulfo (1090), y le dieron sus votos. El Papa y el príncipe normando Roger, Duque de Apulia, aprobaron firmemente la elección y presionaron a San Bruno a aceptarla. En una coyuntura similar en Reims había escapado huyendo; esta vez escapó haciendo que fuera elegido uno de sus antiguos discípulos, Rangier, que afortunadamente estaba cerca en la abadía benedictina de La Cava, cerca de Salerno. Pero temió que tales intentos se repitieran; además estaba cansado de la agitada vida que le había sido impuesta, y la soledad le invitaba siempre. Pidió, por tanto, y después de mucha dificultad, consiguió el permiso del Papa para volver de nuevo a su vida solitaria. Su intención era reunirse con sus hermanos en el Delfinado, como deja claro una carta dirigida a ellos. Pero la voluntad de Urbano II le mantuvo en Italia, cerca de la corte papal, a la que podía ser llamado en caso de necesidad. El lugar elegido para su nuevo retiro por San Bruno y algunos seguidores estaba en la diócesis de Squillace, en la vertiente oriental de la gran cadena que cruza Calabria de norte a sur, y en un alto valle de tres millas de largo y dos de ancho, cubierto de vegetación. Los nuevos solitarios construyeron una pequeña capilla de tablones para sus reuniones piadosas y, en las profundidades de los bosques, cabañas con techo de barro para sus moradas. Una leyenda dice que San Bruno mientras estaba en oración fue descubierto por los sabuesos de Roger, Gran Conde de Sicilia y Calabria y tío del Duque de Apulia, que estaba cazando entonces en la vecindad, y que así aprendió a conocerlo y venerarlo; pero el Conde no tenía necesidad de esperar esa ocasión para conocerle, pues fue probablemente por invitación suya que los nuevos solitarios se establecieron en sus dominios. Ese mismo año (1091) les visitó, les hizo cesión de las tierras que ocupaban, y una estrecha amistad se creó entre ellos. Más de una vez San Bruno fue a Mileto a tomar parte de las alegrías y las penas de la noble familia, para visitar al Conde cuando enfermó (1098 y 1101), y para bautizar a su hijo, Roger, el futuro Rey de Sicilia. Pero más a menudo fue Roger quien fue al desierto a visitar a sus amigos, y cuando, por su generosidad, se construyó el monasterio de San Esteban, en 1095, cerca de la ermita de Santa María, se erigió anexa a él una pequeña casa de campo en la que le gustaba pasar el tiempo que le dejaba libre el gobierno de su Estado.
(...) Antes de su muerte reunió por última vez a sus hermanos a su alrededor e hizo en su presencia profesión de la Fe Católica, cuyos términos se han conservado. Afirma con especial énfasis su fe en el misterio de la Santísima Trinidad, y en la presencia real de Nuestro Salvador en la Sagrada Eucaristía – una protesta contra las dos herejías que habían perturbado ese siglo, el triteísmo de Roscelin, y la empanación de Berengario. Tras su muerte, los Cartujos de Calabria, siguiendo una costumbre frecuente de la Edad Media por medio de la cual el mundo cristiano se asociaba a la muerte de sus santos, despacharon a un “portador de rollo”, un criado del convento cargado con un largo rollo de pergamino, colgado de su cuello, que viajó por Italia, Francia, Alemania e Inglaterra. Se detuvo en las principales iglesias y comunidades para anunciar la muerte, y a cambio, las iglesias, comunidades o capítulos inscribían en su rollo, en prosa o verso, la expresión de sus sentimientos, con promesas de oraciones. Muchos de estos rollos se han conservado, pero pocos son tan extensos o tan llenos de alabanzas como el de San Bruno. Mil setenta y ocho testigos, de los que la mayoría había conocido al fallecido, celebraban la extensión de su conocimiento y lo fructífero de su instrucción. Los que le eran extraños estaban sobre todo impresionados por su conocimiento y talentos. (...).
San Bruno fue enterrado en el pequeño cementerio de la ermita de Santa María, y muchos milagros se obraron en su tumba. Nunca ha sido canonizado formalmente. Su culto, autorizado para la Orden Cartuja por León X en 1514, se extendió a toda la Iglesia por Gregorio XV, el 17 de Febrero de 1623 (...)

Como escritor y fundador de una orden, San Bruno ocupa un puesto importante en la historia del Siglo XI. Compuso comentarios sobre los Salmos y las Epístolas de San Pablo, los primeros escritos probablemente durante su época de profesor en Reims, los segundos durante su estancia en la Gran Cartuja si podemos creer a un viejo manuscrito visto por Mabillon-- "Explicit glosarius Brunonis heremitae super Epistolas B. Pauli".

Dos cartas suyas aún se conservan, también su profesión de fe, y una corta elegía de desprecio del mundo que muestra que cultivó la poesía. Los “Comentarios” nos descubren a un hombre ilustrado; sabe un poco de hebreo y griego y lo usa para explicar, o si es necesario, para rectificar la Vulgata; está familiarizado con los Padres, especialmente San Agustín y San Ambrosio, sus favoritos. “Su estilo”, dice Dom Rivet, “es conciso, claro, nervioso y simple, y su latín tan bueno como podría esperarse de ese siglo: sería difícil encontrar una composición de esta clase más sólida y más luminosa, más concisa y más clara”.

8 jun 2007

Yo vine para preguntar 73: ¿re-ligar?


Actualización:


Oración del buen humor :

(Autor: Santo Tomás Moro, mártir y Canciller de Inglaterra Tomás Moro nació en Londres el 7 de febrero de 1478 y fue decapitado en la misma ciudad el 6 de julio de 1535. Laico, casado y padre de cuatro hijos, amigo de los franciscanos y al parecer miembro de la Tercera Orden Franciscana, humanista y jurista, escritor y hombre de gobierno, por la coherencia con sus convicciones cristianas cayó en desgracia del rey Enrique VIII al oponerse a sus pretensiones. Fue canonizado por Pío XI en 1935, y Juan Pablo II lo proclamó patrono de los gobernantes y de los políticos en el 2000.)


Concedéme, Señor, una buena digestión,
y también algo que digerir.
Concedéme la salud del cuerpo,
con el buen humor necesario
para mantenerla.
Dame, Señor, un alma santa
que sepa aprovechar
lo que es bueno y puro,
para que no se asuste ante el pecado,
sino que encuentre el modo
de poner las cosas de nuevo en orden.
Concedéme un alma que no conozca
el aburrimiento, las murmuraciones,
los suspiros y los lamentos
y no permitas que sufra excesivamente
por ese ser tan dominante
que se llama: YO.
Dame, Señor, el sentido del humor.
Concedéme la gracia
de comprender las bromas,
para que conozca en la vida
un poco de alegría
y pueda comunicársela a los demás.
Así sea.



En este espíritu de buen humor y asumiendo aquello del Arcipreste de Hita narrado en "Disputa por señas", "No hay mala palabra si no es tomada a mal", frases sobre Dios (apostilla: no cualquier frase sobre Dios pretendidamente humorística -naif, negra, cínica...- me causa gracia pero trato siempre de preguntarme en qué sentido puede ser verdad; y además, en muchas frases "agresivas" se puede percibir una bronca, un rencor, algún sentimiento atravesado respecto de la no existencia, no evidencia, no certeza, para el que habla, acerca del "problema de Dios": y sentimientos así me parecen respetables, porque, de nuevo, una cita cuyo autor no recuerdo, "No hay libro/frase tan malo que no se pueda encontrar en él alguna cosa buena" -está me parece en el prólogo de algún clásico español. Para no hablar de los personajes bíblicos que se pelean y discuten con Dios, lo cual siempre me pareció mucho más razonable que ignorar el tema o dar por sentado que todo lo que decimos/ nos dicen sobre El es cierto).



-Dios existe. Pero no tiene ningún apuro en hacerlo saber. Tolstoi

-When men stop believing in God they don't believe in nothing; they believe in anything. Chesterton.

-Vinieron los sarracenos

y nos molieron a palos.

Que Dios ayuda a los malos

cuando son más que los buenos.



-La naturaleza tiene perfecciones para mostrar que es imagen de Dios e imperfecciones para mostrar que es imagen. Pascal.



-Lo único que le impide a Dios mandar un segundo diluvio es que el primero fue inútil. Chamfort.



-No sólo Dios no existe, trate de encontrar un plomero el fin de semana. Woody Allen



-Dios ha muerto, Marx ha muerto, y yo mismo no me siento nada bien. Idem.



-Para vos soy ateo; para Dios, la oposición. Idem



-Es mi fe tan cumplida que adoro a Dios aunque me dio la vida. Ramón de Campoamor



-La fuerza del que cree en Dios no está en Dios sino en su fe. Thierry Maulnier (y desvío lateral: Jesús cura algunas veces y le dice al curado "Tu fe te ha salvado". Lc 7, 36-50 Lc 17, 11- Mc 5, 21-43. Interesante. Vaya a saber cómo sería eso y qué querría decir en arameo, y qué querría decir Jesús y que habrán entendido los que lo escuchaban ;-) pero "tu fe" te salvó, no "Dios", no "yo"...)



-(el juego de palabras en francés es imprescindible) La théologie, c'est simple, comme dieu et dieu font trois. Jacques Prévert.



-Impiedad: irreverencia del prójimo hacia mi dios. Ambroise Bierce.



-Tené en tu alma un lugar para el huésped inesperado y un altar para el dios desconocido. Henri Frédéric Amiel



-Encomiéndate a Dios de todo corazón, que muchas veces suele llover sus misericordias en el tiempo que están más secas las esperanzas. Miguel de Cervantes Saavedra.



-Converso con el hombre

que siempre va conmigo.

Quien habla solo, espera

hablar con Dios un día. - A. Machado



-Nadie niega a Dios sino aquel a quien le conviene que Dios no exista. San Agustín.



-Los dioses facilitan el primer verso. Los demás los hace el poeta. Valéry



-¿Azar? Es Dios que mantiene el anonimato. Edouard Pailleron



-Cada pueblo tiene la ingenua convicción de ser la mejor ocurrencia de Dios. Theodor Heuss.



-Contra la estupidez, hasta los dioses luchan en vano. Goethe.



-¿Existe el infierno? ¿Existe Dios? ¿Resucirtaremos después de la muerte? Ah, no olvidemos lo importante: ¿habrá mujeres allí? Woody Allen.



-A veces pienso que Dios, al crear al hombre, sobreestimó un poco su habilidad. Wilde.



-El hombre que comprendiese a Dios sería otro Dios. Chateaubriand




Bueno, me gusta mucho el género "frases", por la brevedad de las expresiones y la intensidad de ideas y sentimientos que pueden disparar. No sirven para construir un sistema de pensamiento, son esquemáticas y muchas veces reduccionistas, pero en tanto género, me gustan.
La imagen es de una peli bellísima, Ser digno de ser, en castellano, y Va, vis et deviens en su título original. Trata la historia de un chico judío africano -etíope?- que es enviado a Israel y allí su color de piel le provoca algunos inconvenientes...

Etimológicamente, "religión" viene de "religar", volver a unir. Cuando supe eso me resultó mucho más chocante que previamente que cualquier religión se utilizara para lo contrario. En lo personal, cuando escucho a alguien no religioso, ya sea indiferente, ateo combativo o lo que sea, es como si hiciera un esfuerzo por ponerme realmente en el lugar del otro. En ese esfuerzo se me pueden ir años y la percepción de los otros muchas veces es que no debo tener mucho que decir acerca de "lo mío", o que debe de ser indefendible y por eso no digo nada. Puede que haya algo de verdad en todo eso, pero también es verdad que me apasiona "viajar" a la vida y a la mentalidad del otro y para eso en algún sentido, suspendo, pongo entre paréntesis mis propias ideas, porque se me ocurre que es más valioso escuchar "toda" al otro más que escucharlo y al mismo tiempo estar buscando argumentos para seguir el contrapunto de las polémicas. Esa parte se la dejo a otros. Es como si yo pudiera caminar con el otro en estas circunstancias hasta un tramo del camino, pasado el cual, le digo "ok, conmigo podés llegar hasta acá, a partir de acá, mejor dialogá con otro."


Frases sobre religión:


  • La religión es el opio del pueblo. (no cito el autor porque nadie PUEDE no saberlo; el que no , google.)

  • Nadie puede decir que el cristianismo haya fracasado porque nadie lo vivió realmente. (Chesterton)

  • Lo más sorprendente de los milagros es que ocurren. (ídem)

  • Prefiero equivocarme creyendo en un Dios que no existe, que equivocarme no creyendo en un Dios que existe. Porque si después no hay nada, evidentemente nunca lo sabré, cuando me hunda en la nada eterna; pero si hay algo, si hay Alguien, tendré que dar cuenta de mi actitud de rechazo. Pascal. (mmm...no, no me gusta, me parece muy especulativa, demasiado calculadora. Aparte, puestos a suponer que existe Dios, por qué no pensar que pueda ser muy comprensivo con los que no pudieron verlo? Por qué no pensar que se sienta más a gusto con los que le hablarían aunque fuera para pelearse que con los que no se animan a peléarsele por miedo? Digo, ya que se trata de imaginar...)

  • Dios no ha muerto, vive, pero trabaja en un proyecto menos ambicioso. Graffiti.

  • Religion : est nécessaire pour le peuple. Cependant pas trop n'en faut. Flaubert. Cómo se puede traducir? Religión: es necesaria para el pueblo. Sin embargo, no es necesario demasiada?

  • Las prisiones se construyen con los ladrillos de la ley; los prostíbulos, con los de la religión. W. Blake.

  • La ciencia sin religión es coja, la religión sin ciencia es ciega.Einstein (qué onda Einstein con la religión, finalmente? con Dios?)

  • La religión es el sentido y el gusto del infinito. Friedrich Sleiermacher.

  • Los hombres desprecian a la religión. Odian y temen que sea verdadera. Pascal.

  • Donde hay miedo, no hay religión. Gandhi. (en una de las cartas de San Juan se dice "El amor perfecto echa fuera el temor. El que teme no es perfecto en el amor.")

  • Cuando se trata de dinero, todos tienen la misma religión. Voltaire. (me hubiera encantado conocerlo)

  • La religión y el humor son incompatibles. Kundera. (no, no coincido. Una forma de vivir la religión, puede ser.)

  • El verdadero misterio de la religión es que hay gente que la practique. José Artur. (que yo la cite acá, desmiente en parte lo de Kundera.)

  • Se cambia más fácil de religión que de café (entiendo que como "de bar") Georges Courteline.

  • No hay peor intolerancia que la de la razón. Unamuno (también me hubiera gustado conocerlo; me hace acordar a lo de Goya, "El sueño de la razón engendra monstruos")

  • Hay que tener una religión pero no creerles a los sacerdotes, del mismo modo que hay que seguir un régimen pero no creerles a los médicos. Voltaire.

  • Morir por una religión es más simple que vivirla plenamente. Borges. (otro para conocer)

  • Hay que saber dudar cuando es necesario, someterse cuando es necesario, creer cuando es necesario. Pascal.

  • Estar enamorado es crearse una religión cuyo dios es falible. Borges.

  • Ninguna religión en el mundo pide creer en tantos "milagros" como lo pide la filosofía del azar. Thierry Maulnier.

  • Toda religión no es más que el reflejo fantástico, en el cerebro humano, de fuerzas exteriores que dominan su existencia cotidiana. Engels.

  • La religión como fuente de consuelo es un obstáculo a la verdadera fe, y en este sentido, el ateísmo es una purificación. Simone Weil. (sí y no, Simone. Para mí, la frase es verdad "de ida"; en cambio, de ida y de vuelta muchas veces no. Yo no encontraría nada objetable en un vínculo de amor en el que uno encontrara "consuelo: alivio de las penas o aflicciones", como parte del vínculo; sí objetaría que buscar consuelo para uno fuera lo único que se busca en ese vínculo, sería una cosa muy unilateral y lo empobrecería; pero si forma parte de muchas otras cosas que pasan en una relación de amor, ¿por qué?)

  • No eres más porque te alaben, ni menos porque te critiquen; lo que eres delante de Dios, eso eres y nada más. Kempis.

  • Dios mío, si existís, hacé que te conozca. Charles de Foucauld. Otro más para conocer.