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6 oct 2007

Yo vine para recordar: Bruno


En octubre se celebran algunas vidas que me alegro mucho de que hayan existido: Teresita de Lisieux, Francisco de Asís, Teresa de Avila... Y hoy vi que se celebra al fundador de los Cartujos, Bruno. Me gusta que existan los contemplativos; me parece inevitable que su presencia resulte escandalosa tanto para ateos como para creyentes; Jesús escandalizaba. No lo buscaba, supongo, no se trata de proponerse escandalizar, al estilo rebelde sin causa; de proponerse escandalizar en vez de amar; pero bueno, de rebote, puede pasar. "Serían más útiles afuera" (qué palabra repugnante, "útil", aplicada a personas...), "no sirven para nada", "tienen miedo del mundo", etc. Pero todo eso se puede decir de Cristo también: hubiera sido más "útil" naciendo en otro lugar, en otras condiciones, con poder para imponer el bien; ¿cómo que es Dios y se deja matar, cómo que Dios lo quiere y no lo salva de la cruz, cómo que el padre del hijo pródigo sale a abrazarlo apenas lo ve volver, cómo que a los que trabajaron una hora en la viña el dueño les pagó lo mismo que a los que trabajaron varias, cómo que el Reino de Dios está dentro nuestro, cómo el Maestro lavando los pies de sus discípulos...? Y, claro, ¡¡¡¡cómo que resucitó!!!! Algunos salen del escándalo negando o evitando a Cristo; yo haría la apuesta contraria, diría que se sale del escándalo -como imposibilidad para creerle a Cristo- metiéndose más en El. Más, mucho más.
Aparte, la película El gran silencio, sobre la vida en la Gran Cartuja de los Alpes franceses, está muy buena.
Y siempre me llamó la atención aquello de que la orden "nunquam reformata quia nunquam deformata": nunca fue reformada porque nunca fue deformada...la primera vez que lo escuché me pareció algo soberbio, pero pensé después que también podría ser verdad y en ese caso, ¿por qué no lo dirían?; y aguantarse pasar por soberbio puede ser una forma de la humildad ;-)...
Encontré esta noticia sobre la vida de Bruno, un poco depurada de algunos elementos legendarios que no hacen ninguna falta y aparecen en algunas biografías.
Confesor, autor eclesiástico y fundador de la Orden de la Cartuja. Nació en Colonia hacia el año 1030; murió el 6 de octubre de 1101. (...)
Tenemos poca información sobre la infancia y juventud de San Bruno. Nacido en Colonia, habría estudiado en el colegio de la ciudad, o colegiata de San Cuniberto. Mientras era aún bastante joven (a pueris) fue a completar su educación a Reims, atraído por la reputación de la escuela episcopal y de su director, Heriman. Allí acabó sus estudios clásicos y se perfeccionó en las ciencias sagradas que en esa época consistían principalmente en el estudio de las Sagradas Escrituras y de los Padres. Allí se hizo, según el testimonio de sus contemporáneos, instruido tanto en la ciencia humana como divina. Completada su educación, San Bruno volvió a Colonia, donde fue provisto de una canonjía en San Cuniberto, y según la opinión más probable, elevado a la dignidad sacerdotal. Esto fue hacia el año 1055. En 1056, el obispo Gervais le llamó a Reims, para ayudar a su antiguo maestro Heriman en la dirección de la escuela. Este último estaba ya dirigiendo su atención hacia una forma de vida más perfecta, y cuando al final dejó el mundo para ingresar en la vida religiosa, en 1057, San Bruno se encontró como director de la escuela episcopal, o ecólatra, un puesto tan difícil como elevado, pues entonces incluía la dirección de las escuelas públicas y la supervisión de todos los establecimientos educativos de la diócesis. Durante casi veinte años, de 1057 a 1075, mantuvo el prestigio que la escuela de Reims había alcanzado bajo sus antiguos directores, Remi de Auxerre, Hucbald de St. Amand, Gerberto y últimamente Heriman. De la excelencia de su enseñanza tenemos una prueba en los títulos funerarios compuestos en su honor, que celebran su elocuencia, sus talentos poético, filosófico y por encima de todos exegético y teológico; y también en los méritos de sus discípulos, entre los cuales estaban Eudes de Châtillon, después Urbano II, Rangier, cardenal y obispo de Reggio, Robert, obispo de Langres y un gran número de prelados y abades.

En 1075 San Bruno fue nombrado canciller de la iglesia de Reims, y tuvo entonces que dedicarse especialmente a la administración de la diócesis. Mientras tanto, el piadoso obispo Gervais, amigo de San Bruno, había sido sucedido por Manasés de Gournai, que rápidamente se hizo odioso por su impiedad y violencia. El canciller y otros dos canónigos fueron encargados de llevar al legado papal, Hugo de Die, las quejas del indignado clero, y en el concilio de Autun, 1077, obtuvieron la suspensión del indigno prelado. La respuesta de este último fue arrasar las casas de sus acusadores, confiscar sus bienes, vender sus beneficios y apelar al Papa. Entonces Bruno se ausentó por un tiempo de Reims, y fue probablemente a Roma a defender la justicia de su causa. Sólo en 1080 una sentencia clara, confirmada por un alzamiento del pueblo, obligó a Manasés a retirarse y refugiarse con el emperador Enrique IV. Libre entonces de elegir otro obispo, el clero estaba a punto de unir sus votos en el canciller. Él, sin embargo, tenía designios muy diferentes en perspectiva. Según una tradición conservada en la Orden de la Cartuja, Bruno se persuadió de abandonar el mundo por la contemplación de un célebre prodigio, popularizado por el pincel de Lesueur – la triple resurrección del médico parisino, Raymond Diocres. A esta tradición se opone el silencio de los contemporáneos y de los primeros biógrafos del santo; el silencio del propio San Bruno en su carta a Raoul le Vert, preboste de Reims; y la imposibilidad de probar que estuviera nunca en París. No había necesidad de argumento tan extraordinario para hacerle dejar el mundo. Algún tiempo antes, cuando estaba en conversación con dos de sus amigos, Raúl y Fulco, canónigos como él de Reims, se habían inflamado tanto en el amor de Dios y el deseo de los bienes eternos que habían hecho voto de abandonar el mundo y abrazar la vida religiosa. Este voto, pronunciado en 1077, no pudo ponerse en obra hasta 1080, debido a diversas circunstancias.

La primera idea de San Bruno al dejar Reims parece haber sido ponerse él y sus compañeros bajo la dirección de un eminente solitario, San Roberto, que recientemente (1075) se había establecido en Molesme, en la diócesis de Langres, junto con un grupo de otros solitarios que iban más tarde (1098) a constituir la Orden Cisterciense. Pero pronto vio que esta no era su vocación, y después de una corta estancia en Sèche-Fontaine cerca de Molesme, dejó a dos de sus compañeros, Pedro y Lamberto, y se dirigió con otros seis a Hugo de Châteauneuf, obispo de Grenoble, y, según algunos autores, uno de sus discípulos. El obispo, a quien Dios había mostrado a estos hombres en un sueño, bajo la imagen de siete estrellas, les condujo e instaló él mismo (1084) en un lugar agreste de los Alpes del Delfinado llamado Chartreuse, a unas cuatro leguas de Grenoble, en medio de rocas escarpadas y montañas casi siempre cubiertas de nieve. Con San Bruno estaban Landuino, los dos Esteban, de Bourg y de Die, canónigos de San Rufo, y Hugo el Capellán, “todos ellos los hombres más sabios de su tiempo”, y dos laicos, Andrés y Guerin, que después se convirtieron en los primeros hermanos legos. Construyeron un pequeño monasterio donde vivieron en profundo retiro y pobreza, completamente ocupados en la oración y el estudio, y honrados frecuentemente con las visitas de San Hugo, que se volvió como uno de ellos. Su modo de vida ha sido recogido por un contemporáneo, Guibert de Nogent, que les visitó en su soledad. (De Vitâ suâ, I, ii). Mientras tanto, otro discípulo de San Bruno, Eudes de Châtillon, se había convertido en Papa con el nombre de Urbano II (1088). Resuelto a continuar la obra de reforma comenzada por Gregorio VII, y estando obligado a luchar contra el antipapa, Guiberto de Ravena, y el emperador Enrique IV, buscó rodearse de aliados devotos y llamó a su antiguo maestro ad Sedis Apostolicae servitium. Así el solitario se vio obligado a dejar el lugar donde había pasado más de seis años de retiro, seguido por una parte de su comunidad que no podía mentalizarse a vivir separada de él (1090). Es difícil indicar el lugar que ocupó entonces en la corte pontificia, o su influencia en los acontecimientos contemporáneos, que fue totalmente oculta y confidencial. Alojado en el palacio del propio Papa y admitido a sus consejos, y encargado, además, con otros colaboradores, de preparar asuntos para los numerosos concilios de este periodo, debemos concederle algún crédito por sus resultados. Pero él tuvo siempre cuidado de mantenerse en segundo plano, y aunque parece haber asistido al Concilio de Benevento (Marzo de 1091), no encontramos evidencia de que hubiera estado presente en los concilios de Troja (Marzo de 1093), de Piacenza (Marzo de 1095) o de Clermont (Noviembre de 1095). Su papel en la historia está borroso. Todo lo que podemos decir con seguridad es que apoyó con todas sus fuerzas al Soberano Pontífice en sus esfuerzos para la reforma del clero, esfuerzos inaugurados en el Concilio de Melfi (1089) y continuados en el de Benevento.
Poco tiempo después de la llegada de San Bruno, el Papa se había visto obligado a abandonar Roma ante las fuerzas victoriosas del emperador y el antipapa. Se retiró con toda su corte al sur de Italia. Durante el viaje, el antiguo profesor de Reims atrajo la atención del clero de Reggio en Calabria, que acababa de perder a su arzobispo Arnulfo (1090), y le dieron sus votos. El Papa y el príncipe normando Roger, Duque de Apulia, aprobaron firmemente la elección y presionaron a San Bruno a aceptarla. En una coyuntura similar en Reims había escapado huyendo; esta vez escapó haciendo que fuera elegido uno de sus antiguos discípulos, Rangier, que afortunadamente estaba cerca en la abadía benedictina de La Cava, cerca de Salerno. Pero temió que tales intentos se repitieran; además estaba cansado de la agitada vida que le había sido impuesta, y la soledad le invitaba siempre. Pidió, por tanto, y después de mucha dificultad, consiguió el permiso del Papa para volver de nuevo a su vida solitaria. Su intención era reunirse con sus hermanos en el Delfinado, como deja claro una carta dirigida a ellos. Pero la voluntad de Urbano II le mantuvo en Italia, cerca de la corte papal, a la que podía ser llamado en caso de necesidad. El lugar elegido para su nuevo retiro por San Bruno y algunos seguidores estaba en la diócesis de Squillace, en la vertiente oriental de la gran cadena que cruza Calabria de norte a sur, y en un alto valle de tres millas de largo y dos de ancho, cubierto de vegetación. Los nuevos solitarios construyeron una pequeña capilla de tablones para sus reuniones piadosas y, en las profundidades de los bosques, cabañas con techo de barro para sus moradas. Una leyenda dice que San Bruno mientras estaba en oración fue descubierto por los sabuesos de Roger, Gran Conde de Sicilia y Calabria y tío del Duque de Apulia, que estaba cazando entonces en la vecindad, y que así aprendió a conocerlo y venerarlo; pero el Conde no tenía necesidad de esperar esa ocasión para conocerle, pues fue probablemente por invitación suya que los nuevos solitarios se establecieron en sus dominios. Ese mismo año (1091) les visitó, les hizo cesión de las tierras que ocupaban, y una estrecha amistad se creó entre ellos. Más de una vez San Bruno fue a Mileto a tomar parte de las alegrías y las penas de la noble familia, para visitar al Conde cuando enfermó (1098 y 1101), y para bautizar a su hijo, Roger, el futuro Rey de Sicilia. Pero más a menudo fue Roger quien fue al desierto a visitar a sus amigos, y cuando, por su generosidad, se construyó el monasterio de San Esteban, en 1095, cerca de la ermita de Santa María, se erigió anexa a él una pequeña casa de campo en la que le gustaba pasar el tiempo que le dejaba libre el gobierno de su Estado.
(...) Antes de su muerte reunió por última vez a sus hermanos a su alrededor e hizo en su presencia profesión de la Fe Católica, cuyos términos se han conservado. Afirma con especial énfasis su fe en el misterio de la Santísima Trinidad, y en la presencia real de Nuestro Salvador en la Sagrada Eucaristía – una protesta contra las dos herejías que habían perturbado ese siglo, el triteísmo de Roscelin, y la empanación de Berengario. Tras su muerte, los Cartujos de Calabria, siguiendo una costumbre frecuente de la Edad Media por medio de la cual el mundo cristiano se asociaba a la muerte de sus santos, despacharon a un “portador de rollo”, un criado del convento cargado con un largo rollo de pergamino, colgado de su cuello, que viajó por Italia, Francia, Alemania e Inglaterra. Se detuvo en las principales iglesias y comunidades para anunciar la muerte, y a cambio, las iglesias, comunidades o capítulos inscribían en su rollo, en prosa o verso, la expresión de sus sentimientos, con promesas de oraciones. Muchos de estos rollos se han conservado, pero pocos son tan extensos o tan llenos de alabanzas como el de San Bruno. Mil setenta y ocho testigos, de los que la mayoría había conocido al fallecido, celebraban la extensión de su conocimiento y lo fructífero de su instrucción. Los que le eran extraños estaban sobre todo impresionados por su conocimiento y talentos. (...).
San Bruno fue enterrado en el pequeño cementerio de la ermita de Santa María, y muchos milagros se obraron en su tumba. Nunca ha sido canonizado formalmente. Su culto, autorizado para la Orden Cartuja por León X en 1514, se extendió a toda la Iglesia por Gregorio XV, el 17 de Febrero de 1623 (...)

Como escritor y fundador de una orden, San Bruno ocupa un puesto importante en la historia del Siglo XI. Compuso comentarios sobre los Salmos y las Epístolas de San Pablo, los primeros escritos probablemente durante su época de profesor en Reims, los segundos durante su estancia en la Gran Cartuja si podemos creer a un viejo manuscrito visto por Mabillon-- "Explicit glosarius Brunonis heremitae super Epistolas B. Pauli".

Dos cartas suyas aún se conservan, también su profesión de fe, y una corta elegía de desprecio del mundo que muestra que cultivó la poesía. Los “Comentarios” nos descubren a un hombre ilustrado; sabe un poco de hebreo y griego y lo usa para explicar, o si es necesario, para rectificar la Vulgata; está familiarizado con los Padres, especialmente San Agustín y San Ambrosio, sus favoritos. “Su estilo”, dice Dom Rivet, “es conciso, claro, nervioso y simple, y su latín tan bueno como podría esperarse de ese siglo: sería difícil encontrar una composición de esta clase más sólida y más luminosa, más concisa y más clara”.

16 oct 2006

Yo vine para preguntar 61: ¿Y yo qué sé?

Del imprescindible RAE: "Sabiduría: grado más alto del conocimiento." Y "Conocer": averiguar por el ejercicio de las facultades intelectuales la naturaleza, cualidades y relaciones de las cosas", y entre otros más, "tener trato y comunicación con alguien".

Suelo escribir en un cuaderno algunas instancias importantes de mi historia con Jesús. Al contrario de lo que cabría atribuirme por ser mujer ;-), soy bastante escueta, y a veces me fuerzo a desplegar un poco más. Estas anotaciones me ayudan a ir tejiendo una historia, inventando un sentido de lo que podrían ser islotes sueltos si mi mirada no tiende puentes entre ellos. Lo de instancias "importantes" no se lo da la trascendencia convencional sino la intensidad del Amor, de la certeza o de la oscuridad en cuanto a El, el registro cada vez más impactante del desastre que soy pero también de cómo cada vez más me juzgo menos y le dejo ese asunto a El, todo eso.
Cuestión que saber, conocer, siempre fue algo clave para mí. Mi lectura favorita de chica eran las enciclopedias, aparte de casi toda la colección amarilla Robin Hood, porque la enciclopedia tiene eso de pretender abarcar todo, y siempre me fascinó que en la misma página te puedas encontrar con un pintor, una enfermedad, un vertebrado, un instrumento musical egipcio, un país y un barco famoso. Entiendo que se relaciona con cierto impulso que reconozco desde siempre, hasta no poder rastrearle orígenes conscientes; lo podría formular así: "¿Cómo sé yo lo que es verdad y lo que no?". Después, conversión mediante cerca de los 16, "entendí" (bue, todavía no "entendí", pero se entiende, no?) eso que más tarde encontré como cita de Edith Stein: "No acepten como verdad nada que carezca de amor, no acepten como amor nada que carezca de verdad." También me peleé bastante con aquello de "Sólo se conoce lo que se ama" porque me decía "Trampaaaaa! Claro, vos dejáte atrapar/seducir/agarrar por algo-alguien, y ya no lo vas a poder conocer realmente. Si es algo verdaderamente "amable", fenómeno; pero ¿ y si no es? ¿ y si otros me dicen eso porque lo que proponen/creen/quieren que yo crea es insostenible y entonces no queda más que la arbitrariedad del "amor"? Bue, idas , vueltas y enrosques diversos con el tema.
Nunca me reconocí en la fe del carbonero, que me parece genial para el carbonero pero en mí sería una mutilación. Me sublevaría la idea de un Creador que pone razón en sus criaturas para frustársela continuamente. Ahora, tampoco me va nada, y he visto esas trayectorias con tristeza, la postura "Ahora soy grande (y zonzo podría agregar...) así que eso de la fe son giladas infantiles que una persona racional no puede ni considerar seriamente". Dolina decía hablando de ciertos jesuitas que habían logrado avanzar en la China gracias a sus conocimientos científicos algo como "Si estos tipos son cristianos y suman tan bien, será que hay algo de verdadero en su religión. Yo todavía estoy esperando alguno que sepa sumar y tenga fe, pero no: cuando aprenden a sumar pierden la fe."
Pero entre la fe del carbonero y la negación racionalista (o el escepticismo, que sería mi tendencia), hay un abanico dinámico increíble. También me puse a pensar con este símil: si un río se contamina, las personas que viven alrededor cuando recién se empieza a contaminar, van a tener problemas de salud diversos, y no es bebiendo de esa agua como se curarán. Pero qué panorama catastrófico sería ese mismo río con la contaminación sumada de varios siglos sin que nadie hubiera hecho nada por desterrarla, y la población multiplicada exponencialmente a sus orillas: el nivel de contaminación haría suicida tomar agua de allí. Me pregunté, con una mirada que analíticamente separa lo que más tarde deberá unir ;-), si como humanidad no nos pasa algo así con las búsquedas de sabiduría. Más siglos de historia, más carga de pecado como alejamiento/rechazo/desconocimiento de Dios (acá está lo unilateral porque el pecado convive con la gracia), más "contaminación" del tipo "a mí se canta vivir así y asá y si me tomo el trabajo de anoticiarme de religiones/filosofías/hallazgos científicos, que sea para confirmarme en lo que ya sé que voy a hacer caiga quien caiga". Ahí le encuentro sentido a negar la sabiduría "del mundo", término que mis hermanos creyentes entenderán mejor que los que no, pero ahora no tengo ganas de aclararlo.
Y resulta que esto de la sabiduría se me reactivó últimamente. Y me gustaron estas "coincidencias", de los últimos diez días, que podrían haber estado de todos modos, sólo que si elijo mirar desde la fe les doy otra bolilla.
-Estuve orando con un salmo que no busqué a propósito y que en mi traducción invocaba a Dios como "Señor de la verdad"
-Al día siguiente, con otro salmo, medio de casualidad, que decía al final decía "El que sea sabio que se fije en esto y que valorice tantas bondades del Señor."
-Estaba con todas estas cosas distrayéndome en la misa del domingo cuando tuve la feliz idea de prestarles atención a las lecturas y a las plegarias del sacerdote ;-) Era como una "misa de la sabiduría"!!!!! La primera lectura, del libro de la Sabiduría, 7, 7-11: "pedí y se me concedió la sabiduría" y otras bellezas; después, la lectura del joven rico en Marcos, y para mí, la sabiduría, la posibilidad de conocer, siempre fue "la" riqueza. La oración de los fieles era con "Jesús, danos tu sabiduría".
-Hoy, me detuve especialmente en el principio de la primera a los Corintios y recuerdo "Si entre ustedes alguno pasa por sabio según los criterios de este mundo, hágase el que no sabe y llegará a ser verdadero sabio. Pues la sabiduría de este mundo es necedad ante Dios. Al respecto dice la Escritura "Dios atrapa a los sabios en su propia sabiduría".

Y me quedé pensando en la frase de Edith Stein...primero porque siempre me sonó, al mismo tiempo que hermosísima y verdadera, muy ..."eclesial" en cuanto a ese lenguaje de documento sobre temas controvertidos, de "ni sí ni no , sino todo lo contario", a los que después quince teólogos le dan veinte interpretaciones divergentes ;-). Pero sobre todo por esto: conocer la verdad, en todas sus expresiones, es central para mí. Ahora, qué cosa, si viniera alguien y me dijera "Vas a conocer toda la verdad y todas las verdades que siempre quisiste, vas a tener una claridad insospechada, vas a poder enseñar todo tipo de verdades con una claridad irrebatible...el precio es que cualquiera de los que lea este blog va a ser un poco menos amado/-a por alguien. Un poco menos, nada más, pero es el precio." Bueno, claro: no compro. Y en eso experimento que , aunque la considero una hipótesis mal planteada -mi hipótesis "necesita" que la verdad ocasione daños, y yo creo que, extendiendo lo suficiente el concepto de "verdad" ;-), no puede producir daños- la balanza se inclina a favor del amor, si hay que elegir...


7 dic 2005

Yo vine para preguntar 48: ¿Creer o reventar?


(es un borrador rápido en medio de una y otra reunión de laburo, me gustaría pulirlo...)
No. Asumo que son tan particulares los caminos por los que uno llega, permanece, va y viene en y de la fe, que es medio insensato buscar patrones. Alguno llegará por ahí, porque entre creer y reventar, eligió no quedar como un sapito aplastado por el camión de las 'evidencias'. Pero al menos a mí, cuando escucho esa frase, me sale "No". Digo que no es ni fue ni quiero que sea mi camino, mi motivación para creer.
Un Dios que me pusiera ante la alternativa de creer o reventar me transformaría en el perrito de Pavlov: a tal estímulo (las "pruebas"), tal respuesta (la "fe", pero qué mérito, si no te queda otra, ¿a Dios le gustará que le creas porque no tenés más remedio?...).
Así que puedo: creer, dudar, creer algunas cosas con más convicción que otras, decir "Esto no tengo idea por qué pasa", asumir que haya leyes naturales o excepciones que desconozco, darle cabida a lo impredecible, no saber si creo a veces, murmurar "Y...no sé" cuando realmente no sé, percibir la fe algunos días con más claridad que otros, no sacar a Dios de la galera frente a lo inexplicable ("Dios existe" no es la consecuencia sensata de que algo le resulte inexplicable a nuestro cerebrito), enojarme con Dios, decirle con toda libertad que para qué me dio razón si tantas veces me la desborda (y no siempre sé cuándo me topo con el misterio que es exceso de verdad y bienvenido el desborde, o cuándo el 'misterio' es la coartada para no ir al fondo de lo que me cuestiona), llorar por las contradicciones sin que la fe me 'consuele', decir otra vez "Y no, no sé cómo es esto". Creer, sí, básicamente , en El que nos puede abrazar con todo eso. Y en medio de todo, sí, una obstinación mía (un poquito) y la gracia (casi todo): querer amar, siempre, hasta el final, con pasión, afirmar la vida, hacerle un corte de manga a la muerte y anticipar cada día la victoria del Amor. Con eso de "Seguir a Cristo hasta el final..." (a que se imaginan la cruz ...;-) "...hasta el final, o sea, hasta la Resurrección" ;-)

13 nov 2005

Yo vine para preguntar 40: ¿Y si funciona mejor que un Valium?


Maneras cristianas de reducir el stress:

-Orá
-Dormí bien
-Levantáte con tiempo para no empezar el día apurado
-Rechazá los proyectos que no caben en tu agenda o que comprometen tu salud mental
-Delegá tareas en otros capaces
-Disponé tiempo extra para hacer cosas y llegar a los lugares
-Un día a la vez
-Tené backups: una llave extra en tu billetera por ejemplo
-Hacé algo por el niño que hay en vos cada día
-Llevá una Biblia para leer cuando tengas unos minutos
-Hacé suficiente ejercicio
-Comé bien
-Encontrá tiempo cada día para un poco de soledad
-Hacé amistad con creyentes
-Reíte
-Reíte más
-Desarrollá una actitud de perdón: la mayoría de la gente lo está haciendo lo mejor que puede
-Sé amable con las personas desagradables: son las que más lo necesitan
-Hablá menos y escuchá más
-Tomá en serio tu trabajo pero no a vos mismo
-Hablá menos y escuchá más
-Acordáte que no sos el gerente general del universo
-No temas por mañana: Dios ya está allí, El hará que finalmente todo sea para tu bien.

28 oct 2005

Yo vine para preguntar 37: ¿Dios escucha y protege siempre?


Un noruego que sólo habla noruego se encuentra con un chino que sólo habla chino; intentan entablar un diálogo, hablando cada uno en su idioma; a los diez minutos, cada uno se retira ofendido/triste/desorientado, diciendo: "No 'se' entiende nada lo que dice este tipo". ¿Y si mejor decimos "'Yo' no entiendo nada porque 'yo' desconozco el chino o el noruego". Ahora: que Dios nos "escuche" y nos "proteja" se presta a confusiones similares si no pescamos qué quieren decir esas palabras : a nivel denotativo, primero, en el diccionario, y luego, las connotaciones que tienen en el área en que las uso. Ejemplos:

Anécdota malrecordada leída en algún libro: "Rusia comunista. Apogeo de las persecuciones religiosas. En una escuela, la maestra, comunista hasta la médula, sabe que algunos alumnitos y sus familias son creyentes. Como se acerca la Navidad, escucha que una nena dice "Yo le pedí al niño Jesús que me traiga una muñeca." La maestra sabe que la familia, numerosa, es paupérrima, que a duras penas comen mal y poco una vez por día y que no tienen la menor posibilidad de comprarle una muñeca. Asumiendo que el pedido a Jesús no será concedido y queriendo aprovechar la ocasión para dejarle clara a la niña la inexistencia de Dios, al día siguiente de Navidad, le pregunta con toda intención: "¿Y? Jesús escuchó tu pedido de una muñeca?." Respuesta aplaudible: "Sí. Me escuchó y me dijo que no."...no comments, no?

Y con lo de proteger. ¿Qué, cómo es? Dios me protege entonces nunca me va a pisar un coche? Dios me protege entonces no me van a echar del trabajo? Dios me protege y no se van a morir ni me van a traicionar las personas amadas?...Y cuando no te *protege*, obvio, dos caminos, que no sé cuál es más malsano: "Dios no me escuchó, yo no creo más en Dios", o empezar a retorcer dialécticamente la cosa de modo tal que Dios sí te protege , de una manera misteriosa que no alcanzás a entender ("Y, no, se murieron mi esposo y mi hija en un accidente, tengo cáncer y me acaban de estafar con la tarjeta de crédito."), o que es como un Superman que podría ayudarte, tenemos que salvar la omnipotencia de Dios, puede ayudarte, pero por algún motivo enigmático se va a abstener; él respeta la libertad de los hombres, viste, un violador usa su libertad así , y bue (al margen, el problema de que ahí Dios no 'respeta' la libertad del violado), o que te quiere enseñar algo con el sufrimiento, entonces, viste, te quiere enseñar a restar, ponéle, que es muy importante. Y te dice "A ver, cuántas extremidades tenés?". Vos le decís "4" y El , en su sabiduría que no podemos comprender ,te dice "Bueno, (ahí pela la motosierra), ves? Yo te mutilo dos, una pierna y un brazo (ahí te está cortando) y entonces, contá, cuántas extremidades te quedan." Y ves, sufriste, pero cómo aprendiste a restar, eh!!!! Dos caminos de mierda, a mi humilde entender. Realmente: entre respuestas absurdas y ausencia de respuestas, prefiero decir y que me digan"No sé".
Ahora, yo puedo salir de ese laberinto pantanoso preguntándome: "En la Revelación en la que creo, qué significa 'proteger'? de qué ' protege' Dios?" Y ahí, a mí me fue ayudando esto: proteger es librar de un peligro; de qué peligro nos vino a salvar Jesús? En algún lugar la Revelación indica "Los vine a salvar de las deudas/del hambre/de los problemas/de la pobreza/de las enfermedades?" No. Decimos que nos vino a salvar del pecado, o sea: de la falta de amor. Y ahí algo que me suena menos absurdo que todo lo anterior: Dios siempre me protege del peligro de no amar y de no saberme amada por El; de eso me salva; y su protección incluye que me afanen el sueldo que fui a sacar al salir de misa (misa en la que le agradecía la providencia del trabajo ;-); si lo dejo, El me va a proteger de amargarme varios días por eso; de trasladar mi malhumor a mi familia cuando llego a mi casa; de centrarme en mi problema y olvidarme de amar, etc. No se trata de que personas no creyentes no puedan tener actitudes parecidas a todas éstas; en mi vivencia, las personas creyentes que considero serias, las tienen con un plus de amor, de calidez humana, de hondura. Y me va a proteger de todas las falsas imágenes a las que les hablo cuando creo hablarle a El.

18 oct 2005

Yo vine para preguntar 33: ¿ganar qué, perder qué?

Por las dudas, cuando alguno me ve vivir "raro":

-No me va ni un poco eso de "hacer el bien aunque te perjudiques": porque cuando yo decido hacerle bien a alguien (cláaa, teniendo alguna info sobre lo que el alguien considera su bien ;-) , lo decido porque está de acuerdo con mis valores, porque siento la belleza de hacer el bien, porque, a ver si nos entendemos, hacer el bien, amar, a mí me da placer. No sé si el placer de un coñac irlandés, pero placer, sí. Entonces no hay forma de que "me perjudique" hacer el bien, porque aunque pierda algo, y suponiendo que me importe perderlo, sé, siento y creo que gano muchísimo más. A ver si queda claro: de acuerdo a mis valores, a mi paradigma, nunca me "perjudico". Entonces: si me recontragás (guita, confianza, laburos, mi imagen, lo que sea) y yo te sigo queriendo, y cuando puedo hacerte bien te lo hago, y sé-me confirmás que me vas a volver a recontracagar, y yo te sigo tratando bien aunque ya no elija, más vale, ir a tomar un café con vos; si vos ponés tanta creatividad en fastidiarme y yo no te contesto así, o no aprovecho las decenas de ocasiones de venganza que se me ofrecen: NO me perjudico, tá? Para mí, lo bueno, lo mejor, lo más lindo, lo más placentero, es ser libre para hacerte el bien; y si en el camino te parece que "pierdo" algo, pensá lo que vos sentirías si recibiste un millón de dólares y "perdés" medio centavo...

14 oct 2005

Yo vine para preguntar 30: ¿volverías a...?



  • Empezar, sin saber nunca cómo sigue, siempre al filo de una cornisa licuándose atrás y adelante de tus pasos, pero nunca "en" tus pasos
  • Decir "Ok, yo lo hago" cuando había otros que podrían hacerlo pero sus demoras perjudicaban a inocentes
  • Sacar tiempo y fuerzas y ánimo de donde no había porque los necesitaba otro
  • Prestar la -bastante-plata que prestaste sabiendo que la devolución era imposible pero escuchando cada vez "En cuanto pueda te la devuelvo"
  • Sembrar, asumiendo que no vas a tener la menor idea del destino final de esas semillas
  • Amar mucho y como parte de ese amor, revelarle herramientas al otro para que no te necesite
  • Querer tanto a L, a A, a L, a N, a M, y tantos más, que tardarán semanas, meses, años ,en enterarse si te morís pero vos pensás en ellos/rezás por ellos todos los días
  • Jugarte por defender la justicia cuando los beneficios no iban para vos y, más, beneficiabas a quien te odiaba
  • Callar lo que, aun siendo cierto, dañaría la imagen de quien te calumnió, porque para qué...
  • Perdonar, o sea, a desear el bien, a aquellos por los que te sentiste lastimada?

No volvería: vuelvo. Y no es ingenuidad ni represión de la ira ni negación de la tristeza ni... Es el de la foto de abajo, es lo que hace El conmigo, y la cortísima respuesta mía a tanto amor.

Resurrexit sicut dixit, Allelluia!

Porque sí. Y en latín porque me gusta cómo suena y porque así estaba escrito sobre el altar de una parroquia donde fui feliz con El un domingo.


20 sept 2005

Yo vine para preguntar 26: ¿perder la "fe"? Sí, perdéla rápido


Perdé rápido pero rápido rápido la "fe" de: (abajo te recomiendo por qué te conviene perderla)

  • "Yo cuando era chico creía pero ahora ese verso de Adán y la manzanita me parece una boludez."
  • "¿Cómo voy a creer lo que dice la Biblia si me dice que unos tipos vivieron 900 años, o que el mundo se creó en 7 días?"
  • "Si Dios me diera una prueba, yo creería."
  • "El de arriba-el Jefe"
  • "Dios se lo llevó."
  • "¿Qué hice para que Dios me castigue?".
  • "Yo no soy creyente, cómo voy a creer en un viejito con barba blanca que está allá arriba."
  • "Yo en Dios creo, no creo en la Iglesia ni en los curas."
  • "Yo estoy enojado con Dios porque le pedí que X no se muera y se murió igual."
  • "A mí eso de adorar las estatuas de los santos me parece una idiotez"
  • "Si Dios existe ¿por qué hay tanto mal en el mundo, por qué se mueren inocentes, por qué hay sufrimiento?"
  • "Dios te castiga"
  • "Dios te premia"
  • "No se puede hacer nada...está en las manos de Dios."

Perdé rápido esa "fe", porque no sabés la FE que te estás perdiendo...alta adrenalina, cero respuestas prefabricadas, a caminar sin mapas y sin certezas fáciles de digerir, a llorar por lo que nadie llora pero claro, también, a gozar con lo que nadie goza. Y morir y resucitar con el Resucitado, y saber-sentir-creer la victoria de la Vida sobre la muerte y compartirla y llevarla donde falte, para el que quiera...