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6 oct 2007

Yo vine para recordar: Bruno


En octubre se celebran algunas vidas que me alegro mucho de que hayan existido: Teresita de Lisieux, Francisco de Asís, Teresa de Avila... Y hoy vi que se celebra al fundador de los Cartujos, Bruno. Me gusta que existan los contemplativos; me parece inevitable que su presencia resulte escandalosa tanto para ateos como para creyentes; Jesús escandalizaba. No lo buscaba, supongo, no se trata de proponerse escandalizar, al estilo rebelde sin causa; de proponerse escandalizar en vez de amar; pero bueno, de rebote, puede pasar. "Serían más útiles afuera" (qué palabra repugnante, "útil", aplicada a personas...), "no sirven para nada", "tienen miedo del mundo", etc. Pero todo eso se puede decir de Cristo también: hubiera sido más "útil" naciendo en otro lugar, en otras condiciones, con poder para imponer el bien; ¿cómo que es Dios y se deja matar, cómo que Dios lo quiere y no lo salva de la cruz, cómo que el padre del hijo pródigo sale a abrazarlo apenas lo ve volver, cómo que a los que trabajaron una hora en la viña el dueño les pagó lo mismo que a los que trabajaron varias, cómo que el Reino de Dios está dentro nuestro, cómo el Maestro lavando los pies de sus discípulos...? Y, claro, ¡¡¡¡cómo que resucitó!!!! Algunos salen del escándalo negando o evitando a Cristo; yo haría la apuesta contraria, diría que se sale del escándalo -como imposibilidad para creerle a Cristo- metiéndose más en El. Más, mucho más.
Aparte, la película El gran silencio, sobre la vida en la Gran Cartuja de los Alpes franceses, está muy buena.
Y siempre me llamó la atención aquello de que la orden "nunquam reformata quia nunquam deformata": nunca fue reformada porque nunca fue deformada...la primera vez que lo escuché me pareció algo soberbio, pero pensé después que también podría ser verdad y en ese caso, ¿por qué no lo dirían?; y aguantarse pasar por soberbio puede ser una forma de la humildad ;-)...
Encontré esta noticia sobre la vida de Bruno, un poco depurada de algunos elementos legendarios que no hacen ninguna falta y aparecen en algunas biografías.
Confesor, autor eclesiástico y fundador de la Orden de la Cartuja. Nació en Colonia hacia el año 1030; murió el 6 de octubre de 1101. (...)
Tenemos poca información sobre la infancia y juventud de San Bruno. Nacido en Colonia, habría estudiado en el colegio de la ciudad, o colegiata de San Cuniberto. Mientras era aún bastante joven (a pueris) fue a completar su educación a Reims, atraído por la reputación de la escuela episcopal y de su director, Heriman. Allí acabó sus estudios clásicos y se perfeccionó en las ciencias sagradas que en esa época consistían principalmente en el estudio de las Sagradas Escrituras y de los Padres. Allí se hizo, según el testimonio de sus contemporáneos, instruido tanto en la ciencia humana como divina. Completada su educación, San Bruno volvió a Colonia, donde fue provisto de una canonjía en San Cuniberto, y según la opinión más probable, elevado a la dignidad sacerdotal. Esto fue hacia el año 1055. En 1056, el obispo Gervais le llamó a Reims, para ayudar a su antiguo maestro Heriman en la dirección de la escuela. Este último estaba ya dirigiendo su atención hacia una forma de vida más perfecta, y cuando al final dejó el mundo para ingresar en la vida religiosa, en 1057, San Bruno se encontró como director de la escuela episcopal, o ecólatra, un puesto tan difícil como elevado, pues entonces incluía la dirección de las escuelas públicas y la supervisión de todos los establecimientos educativos de la diócesis. Durante casi veinte años, de 1057 a 1075, mantuvo el prestigio que la escuela de Reims había alcanzado bajo sus antiguos directores, Remi de Auxerre, Hucbald de St. Amand, Gerberto y últimamente Heriman. De la excelencia de su enseñanza tenemos una prueba en los títulos funerarios compuestos en su honor, que celebran su elocuencia, sus talentos poético, filosófico y por encima de todos exegético y teológico; y también en los méritos de sus discípulos, entre los cuales estaban Eudes de Châtillon, después Urbano II, Rangier, cardenal y obispo de Reggio, Robert, obispo de Langres y un gran número de prelados y abades.

En 1075 San Bruno fue nombrado canciller de la iglesia de Reims, y tuvo entonces que dedicarse especialmente a la administración de la diócesis. Mientras tanto, el piadoso obispo Gervais, amigo de San Bruno, había sido sucedido por Manasés de Gournai, que rápidamente se hizo odioso por su impiedad y violencia. El canciller y otros dos canónigos fueron encargados de llevar al legado papal, Hugo de Die, las quejas del indignado clero, y en el concilio de Autun, 1077, obtuvieron la suspensión del indigno prelado. La respuesta de este último fue arrasar las casas de sus acusadores, confiscar sus bienes, vender sus beneficios y apelar al Papa. Entonces Bruno se ausentó por un tiempo de Reims, y fue probablemente a Roma a defender la justicia de su causa. Sólo en 1080 una sentencia clara, confirmada por un alzamiento del pueblo, obligó a Manasés a retirarse y refugiarse con el emperador Enrique IV. Libre entonces de elegir otro obispo, el clero estaba a punto de unir sus votos en el canciller. Él, sin embargo, tenía designios muy diferentes en perspectiva. Según una tradición conservada en la Orden de la Cartuja, Bruno se persuadió de abandonar el mundo por la contemplación de un célebre prodigio, popularizado por el pincel de Lesueur – la triple resurrección del médico parisino, Raymond Diocres. A esta tradición se opone el silencio de los contemporáneos y de los primeros biógrafos del santo; el silencio del propio San Bruno en su carta a Raoul le Vert, preboste de Reims; y la imposibilidad de probar que estuviera nunca en París. No había necesidad de argumento tan extraordinario para hacerle dejar el mundo. Algún tiempo antes, cuando estaba en conversación con dos de sus amigos, Raúl y Fulco, canónigos como él de Reims, se habían inflamado tanto en el amor de Dios y el deseo de los bienes eternos que habían hecho voto de abandonar el mundo y abrazar la vida religiosa. Este voto, pronunciado en 1077, no pudo ponerse en obra hasta 1080, debido a diversas circunstancias.

La primera idea de San Bruno al dejar Reims parece haber sido ponerse él y sus compañeros bajo la dirección de un eminente solitario, San Roberto, que recientemente (1075) se había establecido en Molesme, en la diócesis de Langres, junto con un grupo de otros solitarios que iban más tarde (1098) a constituir la Orden Cisterciense. Pero pronto vio que esta no era su vocación, y después de una corta estancia en Sèche-Fontaine cerca de Molesme, dejó a dos de sus compañeros, Pedro y Lamberto, y se dirigió con otros seis a Hugo de Châteauneuf, obispo de Grenoble, y, según algunos autores, uno de sus discípulos. El obispo, a quien Dios había mostrado a estos hombres en un sueño, bajo la imagen de siete estrellas, les condujo e instaló él mismo (1084) en un lugar agreste de los Alpes del Delfinado llamado Chartreuse, a unas cuatro leguas de Grenoble, en medio de rocas escarpadas y montañas casi siempre cubiertas de nieve. Con San Bruno estaban Landuino, los dos Esteban, de Bourg y de Die, canónigos de San Rufo, y Hugo el Capellán, “todos ellos los hombres más sabios de su tiempo”, y dos laicos, Andrés y Guerin, que después se convirtieron en los primeros hermanos legos. Construyeron un pequeño monasterio donde vivieron en profundo retiro y pobreza, completamente ocupados en la oración y el estudio, y honrados frecuentemente con las visitas de San Hugo, que se volvió como uno de ellos. Su modo de vida ha sido recogido por un contemporáneo, Guibert de Nogent, que les visitó en su soledad. (De Vitâ suâ, I, ii). Mientras tanto, otro discípulo de San Bruno, Eudes de Châtillon, se había convertido en Papa con el nombre de Urbano II (1088). Resuelto a continuar la obra de reforma comenzada por Gregorio VII, y estando obligado a luchar contra el antipapa, Guiberto de Ravena, y el emperador Enrique IV, buscó rodearse de aliados devotos y llamó a su antiguo maestro ad Sedis Apostolicae servitium. Así el solitario se vio obligado a dejar el lugar donde había pasado más de seis años de retiro, seguido por una parte de su comunidad que no podía mentalizarse a vivir separada de él (1090). Es difícil indicar el lugar que ocupó entonces en la corte pontificia, o su influencia en los acontecimientos contemporáneos, que fue totalmente oculta y confidencial. Alojado en el palacio del propio Papa y admitido a sus consejos, y encargado, además, con otros colaboradores, de preparar asuntos para los numerosos concilios de este periodo, debemos concederle algún crédito por sus resultados. Pero él tuvo siempre cuidado de mantenerse en segundo plano, y aunque parece haber asistido al Concilio de Benevento (Marzo de 1091), no encontramos evidencia de que hubiera estado presente en los concilios de Troja (Marzo de 1093), de Piacenza (Marzo de 1095) o de Clermont (Noviembre de 1095). Su papel en la historia está borroso. Todo lo que podemos decir con seguridad es que apoyó con todas sus fuerzas al Soberano Pontífice en sus esfuerzos para la reforma del clero, esfuerzos inaugurados en el Concilio de Melfi (1089) y continuados en el de Benevento.
Poco tiempo después de la llegada de San Bruno, el Papa se había visto obligado a abandonar Roma ante las fuerzas victoriosas del emperador y el antipapa. Se retiró con toda su corte al sur de Italia. Durante el viaje, el antiguo profesor de Reims atrajo la atención del clero de Reggio en Calabria, que acababa de perder a su arzobispo Arnulfo (1090), y le dieron sus votos. El Papa y el príncipe normando Roger, Duque de Apulia, aprobaron firmemente la elección y presionaron a San Bruno a aceptarla. En una coyuntura similar en Reims había escapado huyendo; esta vez escapó haciendo que fuera elegido uno de sus antiguos discípulos, Rangier, que afortunadamente estaba cerca en la abadía benedictina de La Cava, cerca de Salerno. Pero temió que tales intentos se repitieran; además estaba cansado de la agitada vida que le había sido impuesta, y la soledad le invitaba siempre. Pidió, por tanto, y después de mucha dificultad, consiguió el permiso del Papa para volver de nuevo a su vida solitaria. Su intención era reunirse con sus hermanos en el Delfinado, como deja claro una carta dirigida a ellos. Pero la voluntad de Urbano II le mantuvo en Italia, cerca de la corte papal, a la que podía ser llamado en caso de necesidad. El lugar elegido para su nuevo retiro por San Bruno y algunos seguidores estaba en la diócesis de Squillace, en la vertiente oriental de la gran cadena que cruza Calabria de norte a sur, y en un alto valle de tres millas de largo y dos de ancho, cubierto de vegetación. Los nuevos solitarios construyeron una pequeña capilla de tablones para sus reuniones piadosas y, en las profundidades de los bosques, cabañas con techo de barro para sus moradas. Una leyenda dice que San Bruno mientras estaba en oración fue descubierto por los sabuesos de Roger, Gran Conde de Sicilia y Calabria y tío del Duque de Apulia, que estaba cazando entonces en la vecindad, y que así aprendió a conocerlo y venerarlo; pero el Conde no tenía necesidad de esperar esa ocasión para conocerle, pues fue probablemente por invitación suya que los nuevos solitarios se establecieron en sus dominios. Ese mismo año (1091) les visitó, les hizo cesión de las tierras que ocupaban, y una estrecha amistad se creó entre ellos. Más de una vez San Bruno fue a Mileto a tomar parte de las alegrías y las penas de la noble familia, para visitar al Conde cuando enfermó (1098 y 1101), y para bautizar a su hijo, Roger, el futuro Rey de Sicilia. Pero más a menudo fue Roger quien fue al desierto a visitar a sus amigos, y cuando, por su generosidad, se construyó el monasterio de San Esteban, en 1095, cerca de la ermita de Santa María, se erigió anexa a él una pequeña casa de campo en la que le gustaba pasar el tiempo que le dejaba libre el gobierno de su Estado.
(...) Antes de su muerte reunió por última vez a sus hermanos a su alrededor e hizo en su presencia profesión de la Fe Católica, cuyos términos se han conservado. Afirma con especial énfasis su fe en el misterio de la Santísima Trinidad, y en la presencia real de Nuestro Salvador en la Sagrada Eucaristía – una protesta contra las dos herejías que habían perturbado ese siglo, el triteísmo de Roscelin, y la empanación de Berengario. Tras su muerte, los Cartujos de Calabria, siguiendo una costumbre frecuente de la Edad Media por medio de la cual el mundo cristiano se asociaba a la muerte de sus santos, despacharon a un “portador de rollo”, un criado del convento cargado con un largo rollo de pergamino, colgado de su cuello, que viajó por Italia, Francia, Alemania e Inglaterra. Se detuvo en las principales iglesias y comunidades para anunciar la muerte, y a cambio, las iglesias, comunidades o capítulos inscribían en su rollo, en prosa o verso, la expresión de sus sentimientos, con promesas de oraciones. Muchos de estos rollos se han conservado, pero pocos son tan extensos o tan llenos de alabanzas como el de San Bruno. Mil setenta y ocho testigos, de los que la mayoría había conocido al fallecido, celebraban la extensión de su conocimiento y lo fructífero de su instrucción. Los que le eran extraños estaban sobre todo impresionados por su conocimiento y talentos. (...).
San Bruno fue enterrado en el pequeño cementerio de la ermita de Santa María, y muchos milagros se obraron en su tumba. Nunca ha sido canonizado formalmente. Su culto, autorizado para la Orden Cartuja por León X en 1514, se extendió a toda la Iglesia por Gregorio XV, el 17 de Febrero de 1623 (...)

Como escritor y fundador de una orden, San Bruno ocupa un puesto importante en la historia del Siglo XI. Compuso comentarios sobre los Salmos y las Epístolas de San Pablo, los primeros escritos probablemente durante su época de profesor en Reims, los segundos durante su estancia en la Gran Cartuja si podemos creer a un viejo manuscrito visto por Mabillon-- "Explicit glosarius Brunonis heremitae super Epistolas B. Pauli".

Dos cartas suyas aún se conservan, también su profesión de fe, y una corta elegía de desprecio del mundo que muestra que cultivó la poesía. Los “Comentarios” nos descubren a un hombre ilustrado; sabe un poco de hebreo y griego y lo usa para explicar, o si es necesario, para rectificar la Vulgata; está familiarizado con los Padres, especialmente San Agustín y San Ambrosio, sus favoritos. “Su estilo”, dice Dom Rivet, “es conciso, claro, nervioso y simple, y su latín tan bueno como podría esperarse de ese siglo: sería difícil encontrar una composición de esta clase más sólida y más luminosa, más concisa y más clara”.

24 sept 2007

Yo vine para preguntar 100:¿ Y esta parábola?

¿Y esta parábola?


Si puede haber epifanías, episodios como éste también pueden serlo. Porque me sirvió para pensar, "Claro, esto es lo que tendría que hacer yo siempre; hacerlo a tal punto parte de mí que ya no me dé cuenta de que lo estoy haciendo; como no me doy cuenta del aire, pero vivo respirando. Esto que hice con esta pibita es lo mínimo que mis hermanos se merecen."




Porque resulta que a mí me apasiona caminar. Si es por lugares agradables, convencionalmente, me gusta, pero si no, también, porque es el hecho en sí de caminar porque me hace bien. Entre paréntesis, cuando pienso en la raíz de este placer, hay unas caminatas en mi niñez con una vecina que era como una tía, o la madre piola ;-), y que me sacaba a pasear y me llevaba a tomar helados en pleno julio ;-), y con quien yo sentía que podía hablar y me tomaba en serio. Bueno, cuestión que para ir a mi trabajo, tanto de ida como de vuelta, camino 12 cuadras cada vez; podría tomar un colectivo pero prefiero caminarlas y tomarme uno en Belgrano. A veces, si salgo tarde de alguna reunión de trabajo y es oscuro, me tomo un taxi en la puerta, pero rarísima vez; en general, voy igual caminando a Belgrano por la calle más iluminada. Además, tengo que hacer algún tipo de ejercicio físico, y caminar es el único que no me agobia de sólo pensarlo. De modo que si alguien me ofrece llevarme en auto del colegio hasta Belgrano o viceversa, no siento que me esté haciendo un favor, y en general, explico cortésmente que no, que el médico me dijo que tengo que caminar, bla. Quedó claro? Me gusta y necesito, pero básicamente me gusta mucho, caminar.




Un día, salíamos de una reunión y me puse a caminar hasta la esquina donde nos separábamos, con una colega amiga que tiene dos hijas, una de las cuales iba con nosotras. Al despedirnos, mi amiga me preguntó "No querés que te alcancemos a Belgrano?", y yo, replay, "No, mirá, prefiero caminar, etc....". Intervención de la nena, 9 años: "Daaaaaaaaaleeeeeeeeeeee...-ustedes saben cómo suena eso...-yo quiero que conozcas el auto nuevo." Respondo: "Bueno, dale, lleváme.". Porque sentí que entre dos cosas buenas, en ésta había más amor que en la primera, en otras palabras, en ésta había darme y en el otro, retenerme. Y recordé que opciones así, más cotidianas o más trascendentes, yo nunca las lamenté...pero el punto es ése "Bueno, dale, lleváme", así, del todo. Después, me conecté tanto con lo feliz que estaba la piba de que yo hubiera subido a ese auto, y lo que se divirtió conmigo porque disfruta mucho de mi estilo de humor, que lo sentí como una alegría propia; ni sombra de recuerdo de lo mucho que deseaba y me había parecido esencial mi caminata. Bueno, eso...que alcanza a durísimas penas para
aprobar el teórico,...que no cuenta ;-)





(Quién decía, algún español de varios siglos atrás, diría: "El alma que anda en amor, no cansa ni se cansa.")

16 sept 2007

Yo vine para preguntar 97: ¿Qué haría alguien razonable?


(alguien estrechamente razonable que no dejara tocar su razón por la Razón de Amor...alguien promedio, podría ser yo...)



Sueltos a raíz de las lecturas de este domingo:



Salmo responsorial Sal 50, 3-4. 12~13. 17 y 19 (R.: Lc 15, 18)R.


Me pondré en camino adonde está mi padre.


Misericordia, Dios mío, por tu bondad,


por tu inmensa compasión borra mi culpa;


lava del todo mi delito, limpia mi pecado. R.



Oh Dios, crea en mí un corazón puro,


renuévame por dentro con espíritu firme;


no me arrojes lejos de tu rostro,


no me quites tu santo espíritu. R.



Señor, me abrirás los labios,


y mi boca proclamará tu alabanza.


Mi sacrificio es un espíritu quebrantado;


un corazón quebrantado y humillado,


tú no lo desprecias. R.


EVANGELIO
Habrá alegría en el cielo por un solo pecador que se convierta


+ Lectura del santo evangelio según san Lucas 15, 1-32En aquel tiempo, solían acercarse a Jesús los publicanos y los pecadores a escucharle. Y los fariseos y los escribas murmuraban entre ellos: - «Ése acoge a los pecadores y come con ellos.»Jesús les dijo esta parábola:- «Si uno de vosotros tiene cien ovejas y se le pierde una, ¿no deja las noventa y nueve en el campo y va tras la descarriada, hasta que la encuentra? Y, cuando la encuentra, se la carga sobre los hombros, muy contento; y, al Regar a casa, reúne a los amigos y a los vecinos para decirles:
¡Felicitadme!, he encontrado la oveja que se me había perdido. "Os digo que así también habrá más alegría en el cielo por un solo pecador que se convierta que por noventa y nueve justos que no necesitan convertirse.
Y si una mujer tiene diez monedas y se le pierde una, ¿no enciende una lámpara y barre la casa y busca con cuidado, hasta que la encuentra? Y, cuando la encuentra, reúne a las amigas y a las vecinas para decirles:
¡Felicitadme!, he encontrado la moneda que se me había perdido. "Os digo que la misma alegría habrá entre los ángeles de Dios por un solo pecador que se convierta.» También les dijo:- «Un hombre tenía dos hijos; el menor de ellos dijo a su padre:"Padre, dame la parte que me toca de la fortuna."El padre les repartió los bienes.No muchos días después, el hijo menor, juntando todo lo suyo, emigró a un país lejano, y allí derrochó su fortuna viviendo perdidamente. Cuando lo había gastado todo, vino por aquella tierra un hambre terrible, y empezó él a pasar necesidad. Fue entonces y tanto le insistió a un habitante de aquel país que lo mandó a sus campos a guardar cerdos. Le entraban ganas de llenarse el estómago de las algarrobas que comían los cerdos; y nadie le daba de comer. Recapacitando entonces, se dijo:"Cuántos jornaleros de mi padre tienen abundancia de pan, mientras yo aquí me muero de hambre. Me pondré en camino adonde está mi padre, y le diré: Padre, he pecado contra el cielo y contra ti; ya no merezco llamarme hijo tuyo: trátame como a uno de tus jornaleros."
Se puso en camino adonde estaba su padre; cuando todavía estaba lejos, su padre lo vio y se conmovió; y, echando a correr, se le echó al cuello y se puso a besarlo. Su hijo le dijo:"Padre, he pecado contra el cielo y contra ti; ya no merezco llamarme hijo tuyo. " Pero el padre dijo a sus criados:"Sacad en seguida el mejor traje y vestido; ponedle un anillo en la mano y sandalias en los pies; traed el ternero cebado y matadlo; celebremos un banquete, porque este hijo mío estaba muerto y ha revivido; estaba perdido, y lo hemos encontrado." Y empezaron el banquete.Su hijo mayor estaba en el campo.Cuando al volver se acercaba a la casa, oyó la música y el baile, y llamando a uno de los mozos, le preguntó qué pasaba. Éste le contestó:"Ha vuelto tu hermano; y tu padre ha matado el ternero cebado, porque lo ha recobrado con salud." Él se indignó y se negaba a entrar; pero su padre salió e intentaba persuadirlo. Y él replicó a su padre:"Mira: en tantos años como te sirvo, sin desobedecer nunca una orden tuya, a mí nunca me has dado un cabrito para tener un banquete con mis amigos; y cuando ha venido ese hijo tuyo que se ha comido tus bienes con malas mujeres, le matas el ternero cebado." El padre le dijo:"Hijo, tú estás siempre conmigo, y todo lo mío es tuyo: deberías alegrarte, porque este hermano tuyo estaba muerto y ha revivido; estaba perdido, y lo hemos encontrado."»
Palabra del Señor.
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Un pastor razonable ni loco deja 99 en el desierto, solas, expuestas al peligro de dispersarse, enfermarse sin quien las cuide, ser presa de los lobos, de los ladrones...por una. No hay relación razonable entre ganancias y pérdidas. Una razonable oveja de las 99 diría: -Ah, claro, ahí se va él atrás de esa tarada que se perdió y nos abandona a nosotras, que somos revivas y no nos perdemos. Y la perdida oveja razonable también podría decirle al pastor:-No, mirá, dejá, si me perdí, debe ser que soy medio estúpida y me lo merezco, dejá, me quedo acá.



Un hijo razonable de la época ni se hubiera atrevido a pensar en pedir semejante cosa. Era como decirle al padre: -Mirá, me gustaría que estuvieras muerto pero como lamentablemente vivís, dame la herencia como si hubieras fallecido. Un padre razonable le diría:-Ni loco..."-rajá, turrito, rajá." ;-). El hijo mayor es muy razonable:"-¿Cómo? Yo cumplí siempre las órdenes y nunca me premiaron y ahora este atorrante que hizo lo que quiso es el rey de la casa? Para eso me iba yo también." Un padre razonable, además de no haberlo salido a buscar cuando el hijo mayor se empacó en no entrar, le hubiera contestado, fastidiado:"-Pero qué querés? Que adivine tus deseos? Si querías un cabrito para festejar con tus amigos, ¿por qué no me lo pediste?, o más, si sabés que lo mío es tuyo, ¿por qué no lo agarraste y listo?...¿o me obedecías por miedo, sin ninguna convicción, sin ningún amor, como un esclavo?". Y antes, un padre razonable hubiera reprochado:"-Pero cómo puede ser, qué ingratitud, decíme si alguna vez te faltó algo, ¿qué te hice para que me hagas esto?".


Una mujer razonable jamás haría semejante despliegue por esa monedita. La hubieran tomado por loca si invitara a una fiesta por un hallazgo tan insignificante. Aparte de que la fiesta le hubiera costado infinitamente más que la famosa monedita. De nuevo, relación insensata entre ganancias y pérdidas. Es más, quizás la pérdida le hubiera pasado desapercibida.


Una coincidencia: leí en el santoral de la Conferencia Episcopal Francesa que hoy se celebra a San Cipriano, decapitado en Cartago en el siglo V d.C ;-). Y que uno de los rasogos de su vida es que insisitó para que la Iglesia recibiera a los cristianos arrepentidos de haber apostatado en tiempos de persecuciones; esto, frente a la oposición de los rigoristas, que planteaban su excomunión definitiva. Y me gustó, porque además de que me parece una actitud mucho más cercana a las de Jesús en el Evangelio, cuando leí por primera vez acerca de esa polémica, cerca de mis 16,17, sentí que había sido una muy buena decisión; porque, conociéndome menos que ahora y pudiendo entonces pensar bastante bien de mí ;-), sentí con fuerza de verdad irrefutable que había muchas más probabilidades de que yo hubiera estado del lado de los que hubieran querido volver a ser admitidos; me resultaba muy falso, muy inverosímil, dar por sentado que yo hubiera estado del lado de los puros. Me pareció bien que hubiera sido tema de conflicto, tampoco alegremente "Ah, seeee, da todo igual". Pero la postura predominante me pareció evangélica. Y me acordé de que siempre me asombró esa paradoja de Jesús, que se expresa con tanta dureza cuando dice "Que tu sí sea sí y tu no sea no", y "Si alguien se avergüenza de mí, yo me avergonzaré de él delante de mi Padre", y después lo único que hace frente a la traición de Pedro -no diría menos grave objetivamente que la de Judas, añadido al orgullo de haber dicho horas antes "Aunque éstos te abandonen, yo no te dejaré."- es preguntarle tres veces si lo quiere; y esto, con la delicadeza de no pretender que Pedro suba donde está El sino de bajar El adonde está Pedro (a la primera pregunta de "Me amas más que éstos?", Pedro va a menos, pese a que días antes había dicho que lo amaba más que los otros: "te quiero"; Jesús baja un cambio: "Me amas?", y Pedro insiste en un escalón más abajo: "te quiero"; y Jesús baja ahí: "Me querés?". Y ahí Pedro puede responder en verdad "te quiero". Y después sí, pero después, puede amarlo hasta dar su vida por El).

( Y las series de Los desastres y Los caprichos de Goya son geniales. Geniales.)

14 sept 2007

Yo vine para preguntar 95: ¿Epifanías?




Sí...poemas así, podrían serlo. Todavía no sé si Juan de la Cruz me gusta más por santo o por poeta pero ¡qué bueno que sea las dos cosas! Habrá dibujado algo más, aparte de este bosquejo célebre en el cual se habría inspirado Dalí?


Para los creyentes, creo que un riesgo de leer a los místicos es pensar que por leerlos y deleitarnos en sus obras, creamos estar viviendo algo parecido. Dejando claro que no es en absoluto mi caso más que como esperanza en lo que puede hacer el Amor, comparto:













Qué bien sé yo la fonte que mana y corre,


aunque es de noche.




Aquella eterna fonte está ascondida,


qué bien sé yo dó tiene su manida,


aunque es de noche.




¡En esta noche oscura desta vida,


qué bien sé yo por la fe la fonte frida


aunque es de noche!




Su origen no lo sé, pues no le tiene,


más sé que todo origen della viene,


aunque es de noche.




Sé que no puede ser cosa tan bella


y que cielos y tierra beben della,


aunque es de noche.




Bien sé que suelo en ella no se halla


y que ninguno puede vadealla,


aunque es de noche.




Su claridad nunca es escurecida,


y sé que toda luz de ella es venida,


aunque es de noche.




Sé ser tan caudalosas sus corrientes,


que infiernos, cielos riegan,


aunque es de noche.




El corriente que de estas dos procede,


sé que ninguna de ellas le precede,


aunque es de noche.




¡Bien sé que tres en sola una agua viva


residen, y una de otra se deriva,


aunque es de noche!




Aquesta eterna fonte está escondida


en este vivo pan por darnos vida,


aunque es de noche.




Aquí se está llamando a las criaturas,


y de esta agua se hartan, aunque a escuras,


porque es de noche.




Aquesta viva fonte, que deseo,


en este pan de vida yo la veo,


aunque es de noche.



"...Souziya pide a su maestro que ore al Señor para que le conceda la visión del bien y del mal en los corazones. Y Dios le concede esta gracia.


Poco después, viene un mercader a ver al maestro de Souziya: la vida de este hombre estaba profundamente manchada por el mal, y el joven discípulo vio en una primera hojeada su alma; se horrorizó y le gritó: -¿Cómo te atreves a presentarte ante la vista de un santo, tan impuro como estás?.


El mercader se marchó. Su maestro llamó a Souziya y le dijo:-Hace un momento ha venido un hombre al que has arrojado fuera; sin embargo, era su última oportunidad.". Entonces el discípulo, atemorizado, pidió a su maestro que le obtuviese del Señor no volver a ver el mal. Pero el maestro el respondió que no, que los dones de Dios son inalienables, aunque pediría al Señor que le añadiera un nuevo don: identificarse de tal manera con el hermano que todo mal que viera lo captara, no como mal del otro sino como suyo propio.


(...) Más tarde Souiziya preguntó a este mismo rabino cómo es que todos los que acudían a él terminaban arrepintiéndose y cambiando de vida. La respuesta fue:- Cuando un hombre que acude a verme no se quiere arrepentir, yo desciendo paso a paso hasta lo más profundo de su pecado, y cuando he alcanzado el fondo de su alma, ato la raíz de mi alma a la raíz de la suya, y ya uno con él, empiezo a arrepentirme de nuestro pecado, no quedándole más remedio que arrepentirse, puesto que los dos somos uno." (de La oración del corazón, Jean Lafrance, Narcea, Madrid, 1980)




28 ago 2007

Yo vine para recordar: San Agustín de Hipona

De "re" + "cordis". volver a pasar por el corazón. Hoy se lo celebra.
Hermano Agustín, pedí por tus hermanos de acá, por los que necesitamos convertirnos al Amor.

"Señor, nos creaste para Vos y nuestro corazón estará inquieto hasta que descanse en Vos". (a veces me asusta mi creatividad para buscar donde no hay...pero en general, puedo creer que Jesús me dice lo que Dios repite tanto en su Palabra: No temas. A mí me diría: No te temas...Qué bueno que El no se asuste de mí)

27 jul 2007

Yo vine para preguntar 82: ¿Libros que acompañaron?


En este caso, libros que acompañaron lo que yo llamaría mi primera conversión, entre los 16 y los 19 digamos, un proceso.

No podía ser de otro modo, los libros acompañaron. No determinaron ni provocaron nada, pero estuvieron ahí y cuando pienso en esos años, me pienso con esos libros. Estoy en el tema, especialmente -porque leyendo mucho estoy siempre- ya que mi amigo José me prestó un libro que casi, casi, hace que lo quiera más, je: se llama Mundolibro, y es una historia de....José me lo presentó de un modo totalmente seductor para mí, diciéndome: "Tengo una historia del estante." (sí, eso es seductor para mí, je). Pero es eso y más. Una historia de cómo se guardaban los libros, los rollos, cómo se clasificaban, cómo se escribía, cuándo y dónde se leía, cómo evolucionaron las estanterías, etc. Después quizás en otro post copie algún fragmento porque me causa placer leer y releer esos datos. Bien, así que estaba más en el tema "libros" que habitualmente, y recordé estos libros, que acompañaron mis primeras búsquedas de Jesús.

Seguramente con más esfuerzo recordaría otros pero así raudamente:


1) Palabras del monte Athos: no encontré portada de la edición en castellano. Era un libro de pocas páginas. Lo compré por el mismo motivo por el que todavía sigo comprando algunos libros, pidiendo algunos sabores de helado o escuchando alguna música: no tenía la menor idea acerca de de qué podría tratarse. Recuerdo que eran transcripciones de algunos dichos y experiencias de monjes ortodoxos, en algunos casos centradas en la ascesis como ejercicio de la voluntad para habituarla a elegir amar en cualquier circunstancia, de comodidad o incomodidad. Me gustó la idea. Poder elegir comer con o sin sal, estar abrigado o pasar frío, gozar de algunas comodidades o renunciar a ellas, etc. Ese era el punto, poder elegir. Ni elegir gozar ni elegir sufrir, a priori, elegir "más abajo", una raíz más sólida para fundar la vida: elegir amar. Todo como búsqueda de libertad, como ejercitar un músculo para que funcione mejor. Recuerdo que después de leerlo mucho -suelo releer varias veces- me quedaba como un fondo de amor muy profundo, y ganas de conocer a los monjes que habían escrito y vivido esas experiencias. Se hacía, ahora recuerdo, alusión a un librito que leí un poco después, El relato de un peregrino ruso, sobre la oración del corazón, y que también fue una compañía muy significativa en ese tramo del camino.

2) Las Moradas de Santa Teresa, y su Autobiografía: esos libros me los compré porque supongamos que vendían 5 por $ 10 y ya había elegido tres. Para completar, dije "Estos, por la fecha, deben de estar escritos en español antiguo", y yo de chica disfrutaba mucho de las obras españolas del XVI, XVII: La Celestina, Rinconete y Cortadillo, El Lazarillo, Los Sueños y El buscón. Así que ahí fueron, sin mucha idea de lo que podían ser, adentro de la bolsa. Las Moradas me despertaron unas ganas muy intensas de orar más personalmente. ¿Es en la autobiografía que Teresa dice "Rezar es estar a solas con quien sabemos que nos ama" y "Dios anda entre los pucheros"? De Las Moradas nunca leí más allá del segundo capítulo porque se trata de experiencias de oración de ella, y sentí que sería bueno ir leyéndolo a medida que yo sintiera que avanzaba por mi propio camino de oración de modo que pudiera...entender, pero no exactamente, las vivencias de Santa Teresa. Y todavía, van para veinte años, no avancé de ahí. Pero cuando veo el libro, lo recuerdo: mi oración es poca, es pobre, no lo dejo a Dios hacer muchas cosas en mí. Y la Autobiografía me encantó porque me pareció escrita en un estilo de lo más coloquial, era como tener a una persona enfrente charlando. Me llegó mucho la garra de Teresa en las dificultades de todo tipo que tuvo que atravesar, y el buen humor con que las contaba. ¿Es ahí donde cuenta cómo, yendo a no sé qué monasterio, después de pasar las mil y una con las reformas que quería hacer, persecuciones, etc., se les empantana y atasca mal la carreta, y no hay modo de moverla; y había alguna dificultad adicional, no recuerdo si diluviaba, o si ella estaba enferma, o qué. Y en medio de semejante candombe, Teresa exclama: "Señor, si tratas así a tus amigos, no me extraña que tengas tan pocos."? Je, bien ahí Teresa.


2) Como en todo, hay modas. En los grupos parroquiales, entre los católicos, Carlo Carreto estuvo un tiempo de moda. Este libro fue el primero de él que leí (He buscado y he encontrado, sobre su experiencia con la Iglesia, es otro que me gustó mucho por esa época, y después uno que creo se llama ¿Por qué a mí, Señor?, sobre el sufrimiento). De ese libro recuerdo especialmente una anécdota que él cuenta y yo recuento como recuerdo: después de muchos años de tener cargos y funciones de mucha importancia en la juventud católica (creo que en la Acción Católica), Carreto siente el llamado a ir al desierto y finalmente se hace hermanito de Foucauld. Y en las primeras páginas del libro cuenta que una vez soñó algo como esto: veía a uno de los árabes de por ahí, pobre, temblando de frío -las noches del desierto parecen ser aterradoras en ese sentido; y él tiene una manta, y sabe que si Jesús estuviera en su lugar, le daría la manta al árabe. Que en ese contexto es casi literalmente dar la vida. "Como corresponde" a un cristiano. Y él no se siente capaz. Sabe, sí, sabe que eso es lo correcto, pero no puede. Experimenta esa pobreza radical de saber cuál es el gesto del amor y "no llegar". Y sabe que si su eternidad fuera juzgada por ese momento, quizás merecería, por ese acto, y no por ninguna decisión arbitraria de Dios, quedar fuera del Amor, porque no está preparado para la dimensión clave del amor que es dar la vida por el otro. Prefiere todavía su piel a la de su hermano. Y ahí termina. Y después hace un enganche como que él siente que está en el desierto haciendo esa experiencia hasta que sea capaz de dar esa manta, la vida. Me parece que está en otro libro una expresión de él acerca de lo que sentía en medio de sus primeras jornadas en el desierto, cuando todavía le resonaban las numerosas voces que lo reclamaban en sus funciones habituales, donde "tenía todavía tanto por hacer", etc. Y relata una experiencia sencilla de ubicación en la realidad, con una frase tipo "Cuando me saqué el mundo de encima de la espalda, descubrí que en realidad nunca había estado ahí.". Finalmente, me acordé de esta otra cosa porque está en cierta relación con Fontanarrosa, un humorista genial al que la esclerosis múltiple, entre otras cosas, le inutilizó el brazo derecho, con que escribía y dibujaba. Grrrr. Bueno, a Carreto le gustaba mucho escalar, y en un momento, tiene un problema con una pierna. Se hace atender por un hermano enfermero, que tendría mucho amor pero solvencia profesional cero (que, en fin, sería también parte del amor pero eran otras épocas), y el enfermero le encaja una bruta inyección de...algo que no correspondía, y le paralizó o estropeó irremediablemente la pierna, de modo que nunca pudo volver a escalar.

3) Leon Morin, prétre: es el afiche de la peli, yo leí el libro, de Beatrix Beck. Como la familia de mi viejo era de Francia, en casa siempre se cultivó mucho conservar la cultura, los recuerdos, el idioma. En las épocas de esplendor de nuestra dinastía ;-) venía una profesora particular de francés a mi casa (11, 12 años tendría yo), y sumado al buen francés que tuve en el secundario, podía leerlo pasablemente. Lo tenía mi vieja. El libro está muy bien escrito y el personaje del cura, muy bien trabajado, sólido sin ser rígido, me transmitía la impresión de alguien muy capaz de amar en serio desde su coherencia. La época es la ocupación alemana en Francia, así que ya por eso me interesó. Hay una mina que va a provocar a un cura con expresiones ofensivas sobre la religión católica y cuando ya pasó más o menos un tercio del libro, está este diálogo, a partir del cual seguí leyendo con más atención. Me encantó la reacción de él:


Dice ella, en el confesionario, así de la nada, porque no iba a confesarse sino a pelearlo, y ni lo conocía:

-La réligion, c'est l'opium du peuple.(La religión es el opio del pueblo)

-Pas exactement, répondit Morin du ton le plus naturel, comme si nous continuions une conversation déjà commencée (...) (No exactamente, respondió Morin con un tono de lo más natural, como si continuáramos una conversación ya empezada.)

Me gustó eso de que la mina iba con los botines de punta, con toda la intención de agredirlo (pasa gran parte del libro en ese empeño), ni "hola", "buen día", ni nada; y el tipo no reacciona contestándole mal, ni pidéndole que tenga otros modales, ni invitándola a hacer un acto de fe porque los caminos de Dios son insondables ni nada de eso. Se pone a hablar con ella, a ver qué.

4) De Marx a Cristo, de Ignace Lepp: encontré muy poca info en Internet, y no tengo a mano el libro, que puede ser se llame De Karl Marx a Jesucristo. Es una autobiografía. No recuerdo detalles pero sí esta atmósfera general: se trata de un hombre que desde adolescente es militante comunista (todo pasa en los tiempos de entreguerra, creo, y posteriores). Hace algunos viajes a Rusia, creo recordar, y durante muchos años, se dedica en cuerpo y alma a su militancia. De esos años, dice que llevaba una vida casi ascética, por el convencimiento de que no había nada más en que valiera la pena poner las energías que en preparar la revolución del proletariado. Lo interesante es que cuando lo estaba leyendo, y tenía bien presentes los detalles, me pasó algo similar a lo que me sucede ahora, cuando no sabría citar ni dos palabras textuales, mucho menos hacer una sinopsis. En algún momento de su vida, entra en un proceso de cuestionamiento del comunismo, pese a que le va muy bien en su militancia y le sigue encontrando valores. Hasta que, después de un tiempo -no recuerdo nada como una conversión fulminante- se convierte al cristianismo y después, creeeeeo, se ordena sacerdote. Pero esto: yo terminé de leer y sentí que este hombre, en algún sentido, seguía siendo tan él mismo como cuando consagraba toda su vida al comunismo, desde ya, con un fuerte énfasis en el ateísmo. Hay experiencias así: no cambia nada, en algún sentido. Y cambia todo.

5) La Biblia, por supuesto: como no recibí una educación familiar religiosa, me era totalmente desconocida y en principio me interesaba "de afuera". Pero cuando la empecé a leer, me gustó darme cuenta de que cada libro estaba precedido de contexto histórico, info sobre los distintos géneros literarios y de lo que, según la cultura de la época, se quería transmitir a través de ellos, detalles de costumbres del pueblo judío, etc. Esto, en medio de lo esencial, que era sumergirme en esa tradición de hombres y mujeres que vienen buscando a Dios desde hace siglos y tenían, tienen, algo para decirme en mi búsqueda.
Bueno, si alguno que pasa quiere mencionar algún/-os libro/-s significativo/-s...
Y el libro que me prestó José y disparó todo esto, es: